Tardes de hide en el verano manchego

La familia se despertaba de su siesta diaria y uno de los pollos no tardó en aparecer sobre el posadero con la consiguiente bronca de su madre desde la lejanía. De repente el piar se hizo más intenso y mamá mochuelo llegó como un resorte, sin avisar, encaramándose al posadero y echando a su joven pupilo de la atalaya con una sonora bronca y un buen picotazo.

Mochuelo adulto alarmando al su prole. Foto: Daniel Rodriguez.

Los nervios se apoderaron de mí y empecé a disparar. La madre estaba allí pero su actitud delataba que no lo haría por mucho tiempo. Su cometido no era otro que llevarse a sus pollos que a su entender, ya habían jugado bastante esa tarde. Con una mirada penetrante, miró y remiró el hide agachándose y escudriñando con su mirada hasta el último agujero del aguardo. Seguía sin gustarle aquel bulto en mitad de la campiña y tras unos gritos más, levantó el vuelo llevándose en su estela a su pequeñajo, que desde el suelo esperaba avergonzado por la bronca de mamá.

El silencio se apoderó de aquel pedazo de tierra y durante unos minutos pensé en aquel comportamiento que había tenido el privilegio de observar. Qué humanos pueden llegar a ser estos animales y lo poco que los respetamos.

Con aquellos pensamientos desmonté  el aguardo y volví a casa sabiendo que la familia de mochuelos se encontraba bien y que por fin había fotografiado lo que meses atrás me había propuesto. Era hora de embarcarme en un nuevo proyecto, de intentar algo distinto. El mochuelo me había mantenido entretenido durante mucho tiempo pero quería seguir intentando sacar provecho de este verano que aun estaba en su cenit.

Después de muchos días pensando en que hacer, puse en marcha un nuevo proyecto que a día de hoy ya me ha dado muchas satisfacciones. Era hora de hacer un poco de bricolaje y embarcarme en la construcción de un hidrohide. Que mejor manera de fotografiar en verano que dentro  del agua.

En remojo

Durante una semana me dediqué  a construir el chajurdo acuático con la ilusión de un crío, imaginando a cada paso todas las puertas que se me abrirían al poder fotografiar a las aves acuáticas en su medio natural, desde una perspectiva privilegiada, pasando totalmente desapercibido para ellas.

El día del estreno no tardó  en llegar y arrojado a la templada noche me vi a los pies del coche enfundándome aquel ajustado neopreno donde mis nervios y yo no querían entrar.

La sensación cuando tus pies tocan el agua, cuando en mitad de la noche tú y tus miedos empiezan a sumergirse en la inmensidad de la laguna, cuando la mitad de tu cuerpo se pierde bajo el agua y el olor del cieno te inunda, es realmente indescriptible, una droga que solo conocemos unos pocos y que necesitamos tomar de vez en cuando para sentirnos vivos.

El autor con su hide flotante

La mañana empieza a despuntar y con ella una amalgama de sonidos, colores y olores que son difíciles de explicar.

A los pocos minutos todo cambia y te ves en medio de la inmensidad, torpe y desorientado intentando explicarte a ti mismo que te ha llevado hasta allí, que te ha llevado a embarcarte en semejante locura.

Esa sensación solo dura unos minutos, los que tardas en estar rodeado de aves por los cuatro costados. Es entonces cuando solo piensas en lo afortunado que eres de poder estar allí, de poder comer tu adrenalina cuando realmente te apetece y escaparte del mundanal ruido que te encarcela casi sin darte cuenta.

Ánade azulón. Foto: Daniel Rodriguez

Aquel día descubrí una manera distinta de hacer fotografía pero también me conocí un poco más a mí mismo, y es que esta afición a la fotografía de naturaleza es más que eso, eres tú en tu esencia más pura, es tu cuerpo y pensamientos al desnudo, arrojados al vacío donde pueden jugar libremente con su yo mas intimo y donde descubres partes de ti que habían permanecido ocultas durante demasiado tiempo.

Poco a poco pasaban los días y el verano llegó a su fin, y con nuevos proyectos en la cabeza daba por finalizada la temporada estival pensando ya en enfundarme el forro polar e ir preparando nuevos objetivos para el invierno.

Este verano mientras muchos se refrescaban en playas y piscinas, unos pocos locos buscábamos otro tipo de frescor…  y lo encontramos.

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7 Respustas a Tardes de hide en el verano manchego

  1. Santiago 27 octubre, 2011 at 11:27 #

    Hola Daniel.
    Me ha encantado tu atirculo.
    He podido sentir en tus palabras esa sensacion que te produce cuando estas
    en tu aguardo y ves aparecer las aves y te olvidas por completo de todos tus problemas
    y tus miedos y te sientes uno mas de ellos compartiendo su vidas. Captado esos momentos en nuestros recuerdos y
    otros en la camara que son los menos. Cuando estas alli es como volver al
    pasado no sabes en que espoca estas. Hasta que terminas la sesion y vuelves
    a la realidad.
    Son esos momentos de tu vida que realmente los vives y no pasan como otro dia mas.
    Y hay que vivir esos momentos siempre que se pueda y te deje la parienta jajaja.
    Buen articulo sigue asi Daniel.

  2. Pedro Trejo 27 octubre, 2011 at 17:01 #

    Gracias Daniel, por un rato me has hecho recordar buenos momento vividos también en la Mancha.
    Un Saludo compañero.
    Pedro

  3. Carlos Gorbea 27 octubre, 2011 at 17:31 #

    Me gusta tu relato de como has vivido y experimentado esa sensacion de estar inmerso en la naturaleza, de ser testigo del comportamiento de algunos seres vivos y poder emocionarte con el momento .
    La fotografia es un medio ( para algunos es un fin ) y realmente importante es la experiencia de haber sido espectador en un gran escenario como son nuestros campos.
    Un saludo cordial.

  4. Francisco Plaza 27 octubre, 2011 at 21:13 #

    Una maravilla de articulo amigo Daniel. Hay compañeros que cuando escribe un comentario largo o un adescripción de una foto subida aqui o allí, da igual la web, cansa un poco, tus articulos gustan, pòr lo menos a mi, poruqe describes los momentos y los lugares, que haces que uno se transporte a ese momento.

    Un abrazo, amigo Dani.

    Fplaza

  5. Miguel A. Domínguez 28 octubre, 2011 at 10:10 #

    Daniel, me ha encantado tu reportaje, tu prosa, tus sentimientos cuando haces lo que más te gusta, y no sabes como comparto contigo ese sentimiento único que supone estar solo con ellos, los mochuelos ó las aves de la laguna….. Yo también me “trabajé” en las fechas que comentas una parejilla de mochuelos, disfruté mucho con ellos y aprendí muchas cosas….. En las orillas de alguna laguna (yo aún no me he atrevido a meterme en el hidro) también he pasado algunas jornadas detrás de martines, andaríos, rascones, archibebes y calamones, y como bien dices es una droga que no entiende mas que el que necesita su dósis, por desgracia cada día se hace mas dificil encontrar el hueco de tiempo para ello, pero ahí estamos…..

    A principio de verano también estuve alguna jornada por lagunazos manchegos…….

    En fin, que me ha encantando tu relato y tus fotos me parecen brutales……

    SAludos.

  6. Felipe 2 noviembre, 2011 at 12:28 #

    Buenos dias Daniel, soy Felipe Alcaide, creo que te vienes el sabado a Gredos con Jose David, si es asi ponte en contacto conmigo por si nos vamos juntos, un saludo

  7. Dani Rodriguez 8 noviembre, 2011 at 11:38 #

    Hola amigos.
    Quiero agradeceros vuestra lectura y que hayais dejado aqui vuestras impresiones que tanto me emocionan. Si con este artículo he sido capaz de despertar aquello que sentimos cuando nos encontramos fotografiando la naturaleza y que esos sentimiento hayan aflorado en el sillon de vuestras casas recordando esos momentos, me doy por satisfecho.
    Sentimos muchas cosas, nos sentimos realmente libres cuando estamos dentro del hide con la cabeza puesta en esos olores, esos colores, esos paisajes o el ruido de un rio a fluyendo a nuestros pies. Esas sensaciones que muchas veces intentamos transmitir a nuestros amigos y seres queridos pero que solo nosotros que hemos estado allí, viviendolo en primera persona, podemos saber lo que se siente.
    En fin amigos y compañeros disfrutemos a tope de este regalo que tenemos por afición e intentemos que nuestras vivencias y experiencias nos hagan crecer y ser mejores personas en nuestro día a día en el mundo real… un mundo que a dia de hoy no se a donde va.
    Un abrazo y muchas gracias.

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