Tardes de hide en el verano manchego

El tedioso verano llegó a su fin. Este año no ha hecho mucho calor por estas tierras manchegas pero para aquellos que intentamos buscar lo mejor de cada estación siempre hay algo que hacer en estas tardes de tórrido y vago calor.

Las campiñas aunque secas, son un bullir de especies. Cenizos, mochuelos, carracas, críalos, alcaravanes… y un sinfín de especies a las que parece no importar las calores del verano.

Mientras otros se refrescan en piscinas y playas, unos pocos locos entre los que me incluyo, buscamos otro tipo de frescor. La ribera de un río, a la búsqueda del martin pescador; una sesión de hidrohide tras esas garzas que se te resisten; el aguadero donde todas las tardes entran a beber los paseriformes, y cuando el sol se empieza a esconder con su trabajo bien realizado, nos tiramos a las campiñas a buscar al elanio o a escuchar el canto roto de un mochuelo.

Agachadiza. Foto: Daniel Rodriguez

Cuando el verano rompía dejando secas las cosechas allá por el mes de junio me propuse fotografiar al mochuelo europeo. No por ser el ave del año elegido por la SEO si no porque ya hacía tiempo que quería tener un encuentro con esta belleza alada de la cual se ha escrito y hablado tanto y que a día de hoy sufre los avatares de una sociedad perdida en un presente muy incierto.

Los cultivos tradicionales se abandonan, los venenos siguen en nuestros campos y los plaguicidas merman la salud de los pequeños insectos que conforman la dieta de muchas de nuestras queridas aves. Las últimas estimaciones hablan de un descenso del 40% en la población de un ave antaño tan común como el mochuelo europeo.

Al margen de esta desgracia, me puse manos a la obra y cada tarde salía a buscar el cobijo de alguna pareja de mochuelos en el que seguramente los adultos estarían inmersos en la cría de su prole. En esta época, las hembras ya habían alumbrado a sus crías y desde luego no iba a ser fácil que estas aves se fiasen del arbusto que aparecía y desaparecía cada tarde en aquel cultivo de secano.

En una vieja construcción de las muchas que hay repartidas por las campiñas ibéricas y que en su día fueron el alojamiento de algún pastor o abrevadero para un rebaño de ganado, encontré una pareja de mochuelos que todas las tardes oteaban el horizonte desde aquel tejado escuálido, esperando la intimidad de la noche para salir a cazar.

Muchas tardes de observación oculto entre el secano y por fin me decidí a intentar que estas curiosas aves se acercaran al posadero que diligentemente había colocado entre su atalaya y mi hide. Varias sesiones infructuosas me quitaban el sueño que mezclado con el calor ya era difícil de conciliar.

Una tarde más me decidí a visitar a la familia de mochuelos, pero esta vez las cosechadoras habían sustituido la tranquilidad de la tarde veraniega por el ajetreo de las labores agrícolas. El posadero ya no estaba y mis amigos, presa de la desconfianza, habían abandonado aquella vieja casona destino a algún lugar más tranquilo.

Era hora de poner en marcha un plan mejor y decidí mudar mi escenario fotográfico a otro lugar donde había observado movimiento los días anteriores. Un majano de piedra servía de posadero a una pareja de mochuelos y sobre todo a sus crías, que inocentes cruzaban cada tarde el camino para indagar en aquel territorio que para ellas era como un gran parque de atracciones. Una estaca de parra en lo alto del majano daría a las fotos la estética que estaba buscando.

Ya casi a mediados de julio y después de varias sesiones observando las correrías de aquellos pequeños sin hacer una sola foto, uno de los hermanos entró confiado al posadero y durante unos minutos se mantuvo absorto frente a mi.

Después de tantas horas, de tanto calor y kilómetros, por fin había llegado el momento y

Joven mochuelo. Foto: Daniel Rodriguez

justo allí, a pocos metros, tenía a mi amigo haciéndome un sinfín de carantoñas, como queriendo decirme algo con sus gestos. El sabía que yo estaba allí, pero su curiosidad juvenil pudo con el miedo y una vez pasados los nervios iniciales comprendió que aquella cosa que hacía “click” era algo inofensivo.

Su madre, más cauta, no dejaba de piar desde una distancia prudencial, tal vez enfadada tras ver que su pequeño había sobrepasado la línea permitida y se había aventurado en una correría que no era segura para él. Así pues, el obediente pequeño voló junto a su familia mientras la tarde veraniega iba muriendo en aquel secarral.

La alegría que se siente cuando consigues algo después de tanto esfuerzo es indescriptible y caída la noche volví a casa recorriendo aquella carretera de curvas interminables.

Estaba satisfecho pero quería mas…  aquella hembra adulta que tantas tardes había escuchado tenía que entrar a mi posadero, tenía que mirarme con esos ojos de gata, tenía que verla de cerca.

A la semana siguiente volví a probar suerte. Los jovenzuelos entraban ya al posadero sin ningún tipo de pudor bajo la atenta mirada de su madre que nunca sobrepasaba la línea de seguridad imaginaria que marcaba aquel camino al pie del majano. A las seis de la tarde, con el sol bien despierto, volví a montar el hide por enésima vez y esperé.

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7 Respustas a Tardes de hide en el verano manchego

  1. Santiago 27 octubre, 2011 at 11:27 #

    Hola Daniel.
    Me ha encantado tu atirculo.
    He podido sentir en tus palabras esa sensacion que te produce cuando estas
    en tu aguardo y ves aparecer las aves y te olvidas por completo de todos tus problemas
    y tus miedos y te sientes uno mas de ellos compartiendo su vidas. Captado esos momentos en nuestros recuerdos y
    otros en la camara que son los menos. Cuando estas alli es como volver al
    pasado no sabes en que espoca estas. Hasta que terminas la sesion y vuelves
    a la realidad.
    Son esos momentos de tu vida que realmente los vives y no pasan como otro dia mas.
    Y hay que vivir esos momentos siempre que se pueda y te deje la parienta jajaja.
    Buen articulo sigue asi Daniel.

  2. Pedro Trejo 27 octubre, 2011 at 17:01 #

    Gracias Daniel, por un rato me has hecho recordar buenos momento vividos también en la Mancha.
    Un Saludo compañero.
    Pedro

  3. Carlos Gorbea 27 octubre, 2011 at 17:31 #

    Me gusta tu relato de como has vivido y experimentado esa sensacion de estar inmerso en la naturaleza, de ser testigo del comportamiento de algunos seres vivos y poder emocionarte con el momento .
    La fotografia es un medio ( para algunos es un fin ) y realmente importante es la experiencia de haber sido espectador en un gran escenario como son nuestros campos.
    Un saludo cordial.

  4. Francisco Plaza 27 octubre, 2011 at 21:13 #

    Una maravilla de articulo amigo Daniel. Hay compañeros que cuando escribe un comentario largo o un adescripción de una foto subida aqui o allí, da igual la web, cansa un poco, tus articulos gustan, pòr lo menos a mi, poruqe describes los momentos y los lugares, que haces que uno se transporte a ese momento.

    Un abrazo, amigo Dani.

    Fplaza

  5. Miguel A. Domínguez 28 octubre, 2011 at 10:10 #

    Daniel, me ha encantado tu reportaje, tu prosa, tus sentimientos cuando haces lo que más te gusta, y no sabes como comparto contigo ese sentimiento único que supone estar solo con ellos, los mochuelos ó las aves de la laguna….. Yo también me “trabajé” en las fechas que comentas una parejilla de mochuelos, disfruté mucho con ellos y aprendí muchas cosas….. En las orillas de alguna laguna (yo aún no me he atrevido a meterme en el hidro) también he pasado algunas jornadas detrás de martines, andaríos, rascones, archibebes y calamones, y como bien dices es una droga que no entiende mas que el que necesita su dósis, por desgracia cada día se hace mas dificil encontrar el hueco de tiempo para ello, pero ahí estamos…..

    A principio de verano también estuve alguna jornada por lagunazos manchegos…….

    En fin, que me ha encantando tu relato y tus fotos me parecen brutales……

    SAludos.

  6. Felipe 2 noviembre, 2011 at 12:28 #

    Buenos dias Daniel, soy Felipe Alcaide, creo que te vienes el sabado a Gredos con Jose David, si es asi ponte en contacto conmigo por si nos vamos juntos, un saludo

  7. Dani Rodriguez 8 noviembre, 2011 at 11:38 #

    Hola amigos.
    Quiero agradeceros vuestra lectura y que hayais dejado aqui vuestras impresiones que tanto me emocionan. Si con este artículo he sido capaz de despertar aquello que sentimos cuando nos encontramos fotografiando la naturaleza y que esos sentimiento hayan aflorado en el sillon de vuestras casas recordando esos momentos, me doy por satisfecho.
    Sentimos muchas cosas, nos sentimos realmente libres cuando estamos dentro del hide con la cabeza puesta en esos olores, esos colores, esos paisajes o el ruido de un rio a fluyendo a nuestros pies. Esas sensaciones que muchas veces intentamos transmitir a nuestros amigos y seres queridos pero que solo nosotros que hemos estado allí, viviendolo en primera persona, podemos saber lo que se siente.
    En fin amigos y compañeros disfrutemos a tope de este regalo que tenemos por afición e intentemos que nuestras vivencias y experiencias nos hagan crecer y ser mejores personas en nuestro día a día en el mundo real… un mundo que a dia de hoy no se a donde va.
    Un abrazo y muchas gracias.

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