Un año alrededor del mundo con la Canon EOS-1D Mark IV

Himalaya: vibraciones a mano alzada

Tras la vorágine de miles de disparos en Kenia, nada mejor que un trekking en Oriente para relajarse, hacer meditación y balance. A finales de septiembre marchamos al Himalaya a completar nuestro reportaje sobre la Annapurna Conservation Area. Aunque muy pesada para fotografía de montaña, la 1D Mk IV es algo más ligera que mi anterior 1Ds-II, básicamente debido a su excelente y más pequeña batería de litio que, sin embargo, ahora dura varios días de intenso trabajo, incluso con frío. Además, antes no había manera de recargar las baterías de las EOS-1 de la serie MkI o MkII sin disponer de suministro eléctrico. Sin embargo, las III y IV pueden recargarse en el mechero de un automóvil o mediante una placa solar, solución que adopté en el este trekking en Nepal. Más mejoras útiles que añadir al balance final.

El pico Machhapuchhre (6997 m) en la Annapurna Conservation Area, Himalaya, Nepal. Debido a la elevada resolución de su sensor de 16 MP, la EOS-1D Mk IV es igualmente adecuada para la acción como para la fotografía paisajística. 1D MkIV a ISO 50, 70-200 mm f:2.8L IS. 1 sg f:13.

Aunque me gusta fotografiar los paisajes casi siempre con trípode, durante un trekking a altitudes de más de 4.000 metros ello no siempre es posible. La fatiga hace que a veces no tengas ganas para descargar la mochila de la espalda y montar el trípode cada vez que descubres una imagen. Durante los trekkings suelo hacer muchas más fotografías a mano alzada de lo habitual. En estos casos con mi cámara anterior habitualmente subía la sensibilidad de la cámara a 200 ISO, para poder jugar un poco con la velocidad y el diafragma sin perder calidad. Con la nueva 1D-IV no tuve ningún reparo en fotografiar paisajes incluso a 400 ISO, dada la inexistencia de ruido visible a esta sensibilidad.

Sin embargo hay un tema que he apreciado en diversas ocasiones y que luego también he leído en varios foros de Internet: la mayor tendencia a la vibración en esta cámara que en modelos anteriores. Es decir, con la 1Ds-II no tenía ningún problema en realizar tomas de paisaje a mano alzada a 1/30 o 1/60 de segundo. Con la 1D-IV, el porcentaje de fotografías ligeramente trepidadas que obtengo a estas velocidades es mayor. Mis primeras sospechas se dirigieron a un movimiento del espejo réflex más rotundo y menos amortiguado. La explicación ofrecida por expertos es distinta: al ir aumentando la resolución y la concentración de píxeles, cada vez de menor tamaño, el efecto de cualquier mínima vibración se hace más patente en el resultado final. Si esto sucede con 16 MP en un sensor 1,3X (Tamaño de píxel = 5,7 micrones), los usuarios de la 7D, 60D y 600D con sus 18MP en un sensor de aún menor tamaño 1,6X (Tamaño de píxel = 4,3 micrones) deberían estar notando aún más este problema, y no he leído nada al respecto. En resumidas cuentas: que si trabajamos a mano alzada ya sea utilizando granangulares como teleobjetivos como el 500 mm, en esta cámara conviene subir algo más la velocidad de obturación por encima de lo que estamos habituados.

Sí que es cierto que esta elevada densidad de píxeles es cada vez más exigente con las ópticas, en especial si las usamos con teleconvertidores. El más perjudicado con el cambio a la 1D-IV parece ser el 70-200 mm f/2.8L IS, que a veces utilizaba con un teleconvertidor 2X para conseguir un 140-400 mm f/5.6. De regreso a Barcelona me decidí y lo cambié por la nueva versión II, mejor adaptada a los sensores actuales. La diferencia tanto al trabajar a f/2.8 como con los teleconvertidores es visible de inmediato.

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