Dos segundos milagrosos e irrepetibles

Nace la esperanza

La cuarta noche, sin embargo, nos reservaba una bonita sorpresa. Unas horas mas tarde de la caída de la noche, unas tenues siluetas se perfilaron en el visor de los prismáticos, delatando lo que parecía un grupo de jirafas apostadas a lo lejos. Durante las siguientes dos horas, más y más jirafas se fueron aproximando en la distancia. Realicé una primera imagen del grupo, casi devorado por la oscuridad, reduciendo los animales a pequeñas figuras perdidas en la inmensidad de la noche.

Las jirafas aproximándose a la charca.

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Las primeras jirafas bebiendo.

Muy tímidamente, el grupo fue aproximándose a la charca, y aquella situación previsualizada comenzó a materializarse. Inicialmente, tres jirafas se acercaron al borde del agua. Esperé a que adoptaran una posición geométricamente interesante y obtuve una segunda imagen. Ahora solo quedaba esperar a que la totalidad del grupo se acercara a la orilla. Más de una hora pasó hasta que el grupo decidió aproximarse, pero la espera valió la pena. Siete jirafas se apostaron frente a la orilla, perfilándose contra el negro de la noche y las oscuras aguas de la charca. La ocasión soñada estaba cerca. Ahora necesitaba esperar a que los animales adoptaran una posición gráfica y simple, que las distintas figuras no se solaparan y que las miradas en diferentes direcciones crearan una cierta tensión visual. Otra necesidad adicional provenía de las limitaciones técnicas. Aunque abrí el diafragma suficientemente y subí el valor del ISO, los bajos niveles de luz obligaban a un tiempo de exposición relativamente alto…y cualquier movimiento de una de las jirafas arruinaría la imagen.

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De repente, lo que parecía imposible se hizo realidad. Durante dos o tres segundos, las jirafas adoptaron una posición terriblemente grafica, los distintos animales se posicionaron sin confundirse y las jirafas de ambos extremos inclinaron los cuellos hacia el exterior, creando una fuerte composición en X gracias a la repetición creada por el reflejo. Si esto fue providencial, aun lo fue mas el hecho de que mientras transcurrieron los dos segundos de exposición ninguna de las jirafas realizara movimiento alguno. Durante ese tiempo que me pareció interminable, el mundo se paró, la realidad dejo de ser real y aquella escena se convirtió en una poesía visual de formas, líneas y texturas. El obturador se cerró, las jirafas cambiaron su posición y aquello volvió a ser la charca de Okaukuejo.

La imagen captada tras dos segundos de exposición.

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