Fotografiando paisajes astronómicos con el nuevo 24 milímetros de Nikon

Fotografiar paisajes u objetos, aunque sólo sea su silueta, con un cielo estrellado como telón de fondo ha dejado de ser una quimera. Los nuevos sensores que proporcionan imágenes de calidad y escaso ruido digital a altas sensibilidades permiten tiempos de exposición suficientemente cortos, el parámetro imprescindible para captar la bóveda nocturna tal y como la ven nuestros ojos. Sin embargo, a pesar de haber ópticas luminosas al alcance de los aficionados, la gran mayoría de ellas no consiguen evitar distorsiones y aberraciones en los puntos más críticos, las luces estelares. Nikon acaba de producir un nuevo gran angular extra luminoso que podría resultar idóneo para la fotografía de paisajes astronómicos.

Cuatrocientos años después de que Galileo apuntase por primera vez un telescopio hacia el cielo estrellado, la astronomía y la astrofotografía están viviendo una edad de oro. Actualmente, los aficionados disponen de excelentes telescopios, sofisticadas monturas ecuatoriales y sobretodo, cámaras digitales que les permiten obtener imágenes exquisitas de los objetos celestes. Por otra parte, desde las ciudades apenas pueden verse unas pocas estrellas. La contaminación luminosa es cada vez mayor, y las estrellas, que durante toda la historia de la humanidad habían servido como reloj, calendario e instrumento de navegación, ahora son prácticamente irrelevantes para la mayoría de nosotros.

En este contexto, está emergiendo una nueva clase de fotografía: el paisaje astronómico, que pretende integrar en una sola imagen los cuerpos celestes y el paisaje terrestre, presentando las estrellas y la Vía Láctea tal y como las pueden ver nuestros ojos y poniendo de manifiesto la belleza primigenia de los cielos incontaminados.

Las dificultades técnicas de esta fotografía son muy considerables. La más evidente de ellas es la débil luminosidad de los objetos que queremos fotografiar. Por ejemplo, la Vía Láctea es (aproximadamente) 23 puntos menos brillante que una escena iluminada a pleno sol. El recurso habitual para fotografiar motivos tan oscuros es aumentar los tiempos de exposición, y aquí surge la segunda dificultad: si dejamos la cámara estática en un trípode, rápidamente veremos que las estrellas aparecen movidas a causa de la rotación de la tierra. Este efecto disminuye si empleamos ópticas con focales muy cortas, pero incluso con un 14mm. los tiempos límite de exposición son bajos. Otra opción son las fotografías de trazas de estrellas, pero si bien es cierto que son estéticamente atractivas, no concuerdan con nuestra experiencia visual del cielo estrellado.

Una posible solución es la clásica de la astronomía: compensar el movimiento de la Tierra con un dispositivo mecánico. En astrofotografía no son infrecuentes exposiciones de horas, realizadas con monturas ecuatoriales motorizadas y telescopios guía. Esto es posible técnicamente, pero no es una buena solución si queremos integrar cielo y tierra en una sola toma: entonces será el paisaje el que va a girar y quedar irreconocible. De modo que la fotografía de paisajes astronómicos implica, irremediablemente, plasmar objetos muy tenues y en movimiento. Para lograrlo, no tenemos más remedio que utilizar cámaras de gran sensibilidad y ópticas angulares rápidas.

Equipos para fotografía de paisajes astronómicos y principales problemas ópticos

Desde hace tiempo existen en el mercado angulares con aperturas máximas de 2,8, 2,0 e incluso menos. Y por otra parte, para los 50mm el estándar de apertura es 1,8 o 1,4. Sin embargo, la fotografía de estrellas nos reserva una última e inesperada dificultad: las estrellas son fuentes puntuales de luz y reproducirlas correctamente, de forma que su luz al llegar al plano del sensor siga siendo un pequeño punto, es algo muy complicado. Muchos objetivos que para uso diurno son extraordinarios, para fotografía nocturna simplemente no sirven, a causa de la aberración esférica y de la aberración de coma. Posiblemente la aberración de coma sea la más evidente y molesta, ya que llega a resultar perfectamente visible en imágenes de reducidas dimensiones.

Fotografía de luz zodiacal realizada con una D700 y un objetivo Nikkor 20mm f/2,8 AIS a la apertura máxima, con una exposición de 10 segundos a ISO 6400, en la que se aprecia una importante aberración de coma en las estrellas de las esquinas (recuadro izquierdo), hasta el extremo de que pueden ser confundidas con otros objetos celestes, como la galaxia de Andrómeda (recuadro derecho).

En la ilustración anterior se muestra la luz zodiacal en el centro de la imagen, y se puede observar un ejemplo real de cómo la aberración de coma puede deteriorar gravemente una fotografía. Las estrellas situadas en los contornos de la imagen no son en absoluto puntos si no trazos, hasta el punto de que a primera vista podrían parecer cuerpos complejos como la galaxia de Andrómeda, que también aparece en la escena.

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