Un pequeño corazón africano late en Cantabria

En 750 hectáreas, las que ocupa el Parque de Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria, se reproduce y palpita a pequeña escala el mundo salvaje africano. Acompañan a elefantes y avestruces algunas especies más de otros continentes y aves libres que han hecho del recinto su hogar. También ha sido Cabárceno un estudio fotográfico al aire libre para Marina Cano, quien, tras recorrerlo arriba y abajo incontables ocasiones, decidió aprovechar todo el material recogido y publicar, en forma de libro, una exaltación visual de los protagonistas de sus imágenes, animales cautivos, dignificados sin embargo por la admiración y el cariño que la fotógrafa ha querido transmitir. Ella misma nos lo cuenta.

Siempre me he sentido en el Parque de Naturaleza de Cabárceno como en mi segunda casa. Después de visitas muy frecuentes entre los años 2005 y 2007, decidí que quería publicar un libro con todo el material que había recopilado. Imagino que si hubiera sido un encargo, o una propuesta previa, no hubiera trabajado con tanta libertad y sin presiones, como así fue. En cada momento hice exactamente lo que deseaba hacer.

El trabajo en el parque

Fueron tres años intensos, acudiendo muchos días. Unos, realmente afortunados, como en la ocasión en que encontré un hipopótamo recién nacido todavía con el cordón umbilical, y otros, completamente estériles, en los que no llegué a hacer una sola foto. Pero resultó un tiempo lleno de emociones, gratificante, divertido, irrepetible y genial. En ocasiones compartí mi espacio y mi tiempo con otras personas, con fotógrafos, pero realmente los momentos en soledad fueron fotográficamente los mejores. Mucha gente cree que tuve acceso privilegiado al parque. Pero, como ya he comentado, la idea de publicar surge cuando ya disponía del material, el cuál está hecho en su totalidad desde los mismos lugares a los que tiene permitida la entrada el público. Es cierto que conozco cada centímetro del parque, al igual que cualquiera que adore el lugar podría hacer, pero las fotografías no están hechas desde sitios recónditos sino en días recónditos.

Cebras de Grevy en Cabárceno. Foto: Marina Cano.

Busqué horas de luz, épocas del año, encuadres concretos, lo que me llevó a esperar, a observar, y sobre todo a ser paciente. La foto de las cebras de la portada tardé meses en conseguirla. Las condiciones de luz sólo se daban en primavera, cuando los rayos de sol incidían desde atrás. Por tanto, necesitaba un día soleado, que en los anteriores no hubiera llovido para que la tierra estuviera seca, que hiciera viento para que se levantara polvo, y finalmente que ellas quisieran estar activas en ese momento.

No trabajé persiguiendo un objetivo concreto. Me movía la luz, la climatología, el deseo de encontrar un momento especial, diferente, en definitiva me movía la pasión. Por eso todo resultó muy fácil. Posiblemente, fotografiar fauna africana en su hábitat natural lo cambiase todo, pero no lo puedo saber hasta que no lo haga.

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