Sin procesado no hay imagen

A pesar de vivir en un mundo interconectado que nos permite conocer hasta los últimos detalles de lo que sucede en el otro extremo del Planeta, aún persisten maneras de hacer, escuelas y estéticas muy propias de un determinado territorio y sociedad. En el caso de la fotografía, se ha ido produciendo una confluencia entre la escuela europea y la norteamericana. Pero eso no impide que haya, a ambos lados del atlántico, diferentes percepciones sobre los límites de la manipulación de los píxeles que conforman nuestras imágenes digitales. En Europa parece predominar una visión que otorga mayor importancia a la toma sobre el terreno, y en el continente americano, la que decanta el proceso creativo más libremente hacia el tratamiento posterior. Le hemos pedido a nuestra compañera Fabiola Forns que nos explique como trabaja en el entorno fotográfico en el que se desenvuelve, en Estados Unidos.

Aún en caso de que optemos por los jpg en la captura inicial, cuando damos a la cámara los parámetros de saturación, contraste, etc. que queremos o decidimos usar los que vienen “por defecto”, lo que obtiene la cámara son píxeles en rojo, verde y azul. Como se dispongan éstos para reflejar la realidad que vimos o que queremos expresar, dependerá de procesado, ya sea en y por la cámara o por nosotros con programas creados para ello.

Fotografía resultante de un tratamiento tradicional. Foto: Fabiola Forns.

En este trabajo me voy a referir a dos tipos de procesado básicamente, el tradicional y el artístico.

El tradicional o purista consiste simplemente hacer cambios globales a la imagen, tales como ajustes de niveles o curvas, enderezar el horizonte, quitar manchas provocadas por motas de polvo en el sensor, recortar y usar mascara de enfoque. Este tipo de procesado es el que aceptan la mayoría de los concursos fotográficos internacionales y, según puedo ver, el que rige como norma en la mayoría de foros europeos.

En Estados Unidos la corriente general es un poco mas tolerante en cuanto a la manipulación de imagines, y está totalmente aceptado el uso del tampón de clonar u otras utilidades para quitar alguna rama, hoja o pedazo de ave en una esquina.

La vertiente ética

Me gustaría tratar un poquito la parte ética de este tema. Y para empezar quiero definir mi posición personal sobre la manipulación digital. No me considero una foto reportera. No tengo la obligación de mostrar una escena como la vieron mis ojos (o para ser más exacto, como la vio mi objetivo). Me considero una artista (algo un poco pretencioso por mi parte, pero es que tengo bastante de “músico, poeta y loco”, parafraseando el refranero popular) y la fotografía para mi es un medio más de expresión; mi cámara y mi objetivo son como mis pinceles o mi piano.

Si gracias a la tecnología puedo crear y expresar una composición o realidad inventada, lo voy a hacer. Por supuesto, cuando participo en un concurso o cuelgo una foto en una galería donde hay reglas, me someto fielmente a ellas. Pero el arte es libre y no conoce idiomas ni fronteras. El procesado artístico es lo que mas disfruto de la fotografía, aunque muchas veces la naturaleza ya me lo regala y tengo poquito que añadir.

Exposición en base a la medición de la luz de la escena y golpe de flash para aclarar un sujeto a contraluz. Existe una opción diferente para estas situaciones, como la que se comenta en la página 6. Foto: Fabiola Forns.

Dentro del procesado más extremo, tenemos el uso del tampón de clonación, añadir lienzo a la foto cuando nos quedamos cortos, aclarar los ojos cuando quedan en la sombra, difuminar el fondo si es conflictivo. Todo esto es aceptado en las galerías de los portales de Estados Unidos. Siempre es preferible explicar lo que has hecho, por aquello de la reputación y de no tratar de dar gato por liebre. Pero, a fin y al cabo, si no hay reglas que prohíban la manipulación, es opción de cada cual decidir o no el retoque que ha hecho a la imagen.

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