Svalbard, la vida en el hielo ártico

Las inhóspitas tierras polares albergan una vida salvaje sorprendente. Se trata de lugares remotos, despoblados y de difícil acceso también por sus condiciones climáticas. La comunión del ser humano con un entorno auténticamente indomable parece imposible. Sin embargo, el trabajo fotográfico resulta muy gratificante cuando es posible llevarlo a cabo. La navegación alrededor del archipiélago de Svalbard permite disfrutar de las oportunidades fotográficas del verano ártico.

Tras verse sumergidos en meses de oscuridad total, los mares y tierras del Ártico despiertan a partir de marzo. Ya en verano, los azules y blancos puros del hielo resplandecen y dominan el escenario de un ecosistema casi inverosímil, la banquisa de hielo marino y las costas cubiertas de glaciares. Ha llegado la hora de embarcarse en Longyearbyen, la única población de Svalbard, a mitad de camino entre Noruega y el Polo Norte, y dirigirse al encuentro de la vida en el hielo ártico.

Un oso polar husmea el aire en la inmensidad del mar helado por encima de los 80º Norte. Foto:Jordi Xampeny

La banquisa polar, formada por hielo marino de diverso grosor, se desliza sobre el océano a merced de corrientes y vientos; sobre ella osos polares y focas juegan al escondite, unos para cazar y los otros para evitar ser cazados. Se trata de un juego sin árbitros pero con testigos, las gaviotas marfil, especializadas en seguir a los osos y desearles la mejor de las suertes para poder llevarse también ellas una dosis de proteínas. Últimamente, humanos a bordo de cruceros, abrigados hasta las cejas y portando cámaras y prismáticos, se han unido al cortejo de seres que rastrean los témpanos boreales.

En verano se abren canales en el casquete polar y normalmente se desbloquean las entradas a fiordos, bahías y pasos entre las islas. Es el único momento en que se puede intentar la aventura fotográfica en los lugares más extremos de las Svalbard, de soberanía noruega. Luz no falta en las 24 horas del día y se puede navegar; los animales (residentes y migrantes) están todos ahí y las plantas intentan cumplir su ciclo vital en un tiempo récord antes del retorno del frío y la noche polar.

En las tierras árticas, por su marcada influencia oceánica, la mayoría de especies de mamíferos son marinas, pinnípedos y cetáceos. Incluso al oso polar se le considera un animal marino y así se le denomina (Ursus maritimus). Específicamente, en Svalbard sólo encontramos dos mamíferos terrestres, el zorro ártico y una subespecie de reno propia del archipiélago. Ambos son relativamente abundantes y fáciles de ver pero no rondando las masas de hielo litoral y mucho menos la viajera y movediza banquisa polar.

Svalbard es una región relativamente “calida” en el Océano Ártico al recibir los últimos coletazos de la corriente del Golfo. Eso, unido a una plataforma continental de baja profundidad, favorece la eclosión de la vida submarina en el Mar de Barents. El fondo marino rebosa de crustáceos, almejas y pequeños peces, suficiente para atraer a millones de aves marinas durante la época de cría y diversas especies de ballenas y de focas.

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