Macro a mano alzada y sin flash con la D700

Durante décadas ha sido un dogma; el trípode, el flash y el cable disparador, o los tres combinados, han sido considerados elementos imprescindibles para la realización de macrofotografía. Los sistemas de autofoco rápido y los más recientes estabilizadores de imagen ya empezaron a resquebrajar esa doctrina. Si bien los “macreros” han continuado apegados a los eternos complementos de sus equipos, en la misma medida, deseaban poder disfrutar de mayor libertad y facilidad de movimientos desprendiéndose del engorroso trajín de patas, cables y soportes. Con la aparición de cámaras que proporcionan la calidad deseada a altas sensibilidades ISO, parece que ese día ha llegado.

Un frío día de otoño, tras las primeras heladas en la montaña, nos dispusimos a buscar los límites del primer sensor 1:1 o de tamaño completo de la casa Nikon, tal vez el que menor ruido genera a sensibilidades ISO muy elevadas entre las cámaras reflex digitales.

Casi sin quererlo teníamos frente a nosotros un banco de pruebas ideal y exigente: un manto de hojarasca escarchada totalmente a la sombra mientras en el cielo se abrían paso las primeras luces del día. En esas condiciones de poca iluminación sólo un insensato intentaría hacer fotografía macro a mano alzada y sin la ayuda del flash. Uno de nosotros se dispuso a tal sacrilegio. Cogió la Nikon D700 y la puso a la máxima sensibilidad nominal, 6.400 ISO. Aún así obtuvo una precaria relación de f/9 a 1/250 segundos, suficiente sin embargo gracias al trabajo del estabilizador de imagen incorporado al objetivo macro, un AF-S 105 milímetros VR f/2.8. Nuestro compañero se encorvó sobre el manto vegetal y empezó a disparar en medio del silencio expectante del resto.

Las incógnitas que intentábamos desvelar se iban repitiendo en nuestra mente a medida que avanzaba la sesión. ¿Realmente aparecería poco ruido digital incluso en los fondos oscuros y desenfocados? ¿Se conseguiría el suficiente detalle en los minúsculos cristales de hielo? ¿Se mantendría el rico cromatismo otoñal de las hojas? Hasta ese momento, y con cualquier otra cámara, la respuesta que hubiéramos dado a priori a las tres preguntas hubiese sido “no, imposible”.

A 6.400 ISO estábamos trabajando 5 pasos por encima del ISO nominal de la cámara, que es de 200. Es decir, que de mantener la sensibilidad en 200, deberíamos hacer una toma a f/9 y 1/8 de segundo para conseguir la misma exposición que estábamos ensayando.

Con un fiel usuario de Canon como testigo, queríamos comprobar si la tecnología digital estaba abriendo ya definitivamente una nueva era en la fotografía. Obtener buenas respuestas cromáticas y de detalle con sensibilidades ISO impensables no hace mucho sí puede proporcionar otro tipo de imágenes. Un auténtico salto, el primero de los que vendrán.

Detalle de la hojarasca escarchada, tomado del archivo visionado al 100 por 100, sin aplicar ningún ajuste ni máscara de enfoque. Nikon D700. Obturación a mano alzada a 1/250 segundos y f/9. ISO 6.400.

Vistos en la pantalla de la misma cámara, los primeros resultados parecían totalmente aceptables. El portador de la cámara dejaba ir de vez en cuando una explosión de júbilo. No hay nada mejor para liberar endorfinas que sentirse un transgresor.

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