La fotografía de cimas, entre el esfuerzo y la plástica

Francesc Muntada ya era un montañero antes que cogiera una cámara fotográfica. No es de extrañar que buna parte de su archivo esté dedicado al medio alpino. Tampoco debe sorprender que haya recibido el encargo para hacer un libro específico de fotografías de cumbres. El autor nos explica como afronta la toma de imágenes de las alturas terrestres, tanto desde el punto de vista técnico como estético.

El Puigsacalm y su entorno rural. Foto: Francesc Muntada.

¿Por qué motivo subimos a la cima de las montañas? ¿Por qué nos atraen tanto? No son lugares para vivir. Allí no encontraremos comida, ni agua fresca, ni refugio, ni tierra fértil. Entonces, ¿por qué subimos? Evidentemente, no tengo una respuesta universal en la que todos nos sintamos identificados, pero yo sé que subo a las montañas simplemente porqué existen, porqué están ahí.

La idea

Suena el teléfono. Contesto. Es Martí Nadal, que dirige la editorial Alpina. “Estamos pensando abrir una nueva línea editorial. Queremos hacer libros de fotos. El primero queremos que sea sobre las cumbres de Catalunya y hemos pensado en ti”.

Es una de las propuestas más atractivas que puede recibir un fotógrafo montañero: un libro con fotografías de montañas. Acepté sin pensarlo dos veces. Para mí, Alpina es mucho más que una editorial. De Alpina han salido los mapas que me han guiado siempre en la montaña. Con ellos he aprendido que la montaña se domestica bautizando cada valle, cada arroyo, cada lago, cada cima. Y de ellos he aprendido esos nombres y otra forma de vivir el alpinismo.

Silueta de Rocadesanta al atardecer. Foto: Francesc Muntada.

Empezamos a desarrollar el proyecto. Después de varios intentos para crear una relación de picos coherente y objetiva (los techos comarcales, las montañas más emblemáticas, las más transitadas, etc.) decidimos que lo más adecuado era confeccionar nuestra lista personal. Era completamente subjetiva e incompleta, pero era nuestro libro al fin y al cabo y queríamos que reflejara nuestra forma de ver las montañas de nuestra tierra.

Después de algo más de un mes desde aquella primera llamada, tenía sobre mi mesa de trabajo una relación de 65 picos catalanes, repartidos más o menos por todo el territorio, consensuada entre el editor, el autor de los textos y el fotógrafo. Nos parecía que incluía los picos más emblemáticos y los más conocidos y, sobretodo, nos sentíamos cómodos con ella. Éramos conscientes que no se trataba de un catálogo, que habría lectores que echarían en falta algunas cimas, pero era “nuestra lista”.

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