Crónica del encuentro con los tiburones ballena en la costa de Djibouti

Los tiburones ballena no se alimentan de sardinas pero siguen los bancos para absorber todos los nutrientes que pueden. Foto: Felipe Barrio.

Tras los primeros minutos, me pareció ver una sombra en el azul, y poco a poco tomó cuerpo: otro tiburón ballena, algo mayor, de unos 9 metros, se unió al festín. El sueño se fue haciendo realidad ya que, tras los primeros 30 minutos, un tercer ejemplar aprecio como de la nada y menos de diez minutos más tarde, otros dos tiburones estaban junto a nosotros.

Estábamos viviendo un momento de esos que todo fotógrafo sueña; nadie antes había tenido oportunidad de conseguir imágenes de varios tiburones ballena juntos, y ahora tenía 5 ante mí. El estrés de los primeros momentos dio paso a tomas más meditadas y a obligados momentos de relax, ya que los descensos continuados a pulmón resultaban agotadores.

Llegó un momento que la situación parecía surrealista, los tiburones ballena nos habían encontrado a nosotros y parecían disfrutar con nuestra presencia.

La cautela inicial se había transformado en un descaro, en ocasiones peligroso, ya que era frecuente encontrarse entre varios ejemplares que podían aplastarte como a una sardina más. Resultaba sorprendente. Cómo si de una coreografía preestablecida se tratara, realizaban sutiles movimientos para no golpearnos con fuerza y al mismo tiempo no perder bocado. La “confianza” llegó a tal punto que podías salir a cambiar la tarjeta, baterías, o incluso tomar un café (estos ingratos nos habían despertado sin darnos tiempo para desayunar) y ellos seguían esperándote. Su vorágine alimenticia parecía ser tanta como su curiosidad ante esos raros animales, de ojo de cristal y tubo en la cabeza, que no paraban de nadar a su lado.

Tiburones y fotógrafos sentían curiosidad recíproca. Foto: Felipe Barrio.

La experiencia se repitió durante varios días más, pero nunca de esa intensidad. Los avistamientos fueron muy numerosos y el trabajo que se pudo realizar fue realmente satisfactorio y muy bien aceptado por la prensa especializada. Igualmente, las imágenes han recibido numerosos premios y han sido expuestas en diferentes museos. Pero de todas las recompensas, la mejor, sin duda, ha sido la vivencia experimentada durante esos días de diciembre de 2006 y enero de 2007, en aguas del Golfo de Tadjoura, frente a un pequeño país llamado Djibuti, un mar de gigantes.

MÁS INFORMACIÓN

Enlaces

Oficina de Turismo de Djibouti

Organización de expediciones y viajes oceánicos

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