Crónica del encuentro con los tiburones ballena en la costa de Djibouti

El encuentro con grandes animales marinos es un sueño para todo fotógrafo. El escualo de mayor tamaño es el tiburón ballena (rhincodon typus). De hecho, es el mayor pez que puebla los océanos. El fotógrafo y buceador Felipe Barrio rememora las espléndidas y afortunadas sesiones fotográficas que pudo vivir hace 20 meses junto a los gigantes del mar a las puertas del Mar Rojo, frente al diminuto, árido y desolado Djibouti.

Para cualquier aficionado a la naturaleza los encuentros con grandes animales son un sueño. En el mar, los cetáceos y los tiburones suelen ser las especies más deseadas, y es innegable que los escualos tienen un atractivo muy especial. El de mayor tamaño es el tiburón ballena (rhincodon typus), que ostenta también el “titulo” de ser el mayor pez que puebla los océanos del planeta.

El tiburón ballena había sido el objetivo de numerosas expediciones y viajes, fundamentalmente en aguas de las remotas islas de Wolf y Darwin, en el archipiélago de las Galápagos, pero un grupo de fotógrafos submarinos nos planteamos un reto diferente, en un entorno marino totalmente opuesto al de Galápagos y con el objetivo de conseguir imágenes nunca antes vistas: la concentración de tiburones ballena.

Lago Assal. Foto: Felipe Barrio

Tras un periodo de investigación, conseguimos informes científicos que relataban avistamientos anuales, desde superficie, de jóvenes tiburones ballena en algunos puntos del planeta. Sin duda alguna el lugar clave se encontraba en Djibouti, y ese seria nuestro destino. De los tiburones ballena se conoce muy poco. De la escasa información pudimos determinar que la época de migración en Djibouti era de octubre a febrero. Finalmente decidimos viajar en diciembre.
Tras haber viajado por cinco continentes y por rutas muy apartadas pensaba que lo había visto todo, pero la pobreza y dureza de este pequeño y árido país superaba cualquier otro sitio. En Djibouti sólo hay piedras, arena, 55º a la sombra en verano y una miseria tremenda. Los lugareños subsisten con lo mínimo, ordeñando camellos o unas pocas cabras e intentando conseguir lo que pueden del mar. Curiosamente las zonas más inhóspitas de Djibouti son las que le aportan un poco de “negocio: del lago Assal, a 155 metros bajo el nivel del mar, se extrae sal, con la que comercian entre ellos y con pueblos fronterizos de Etiopía.

Barco en el que se realizó el trabajo de búsqueda y seguimiento de los tiburones ballena. Foto: Charo Gertrudix

En ese entorno aterrizamos y nos embarcamos. Para muchos, el mejor lugar para localizar a los tiburones ballena podrían ser aguas abiertas, afectadas por las corrientes de entrada y salida del Mar Rojo y el Índico. Pero el atractivo de Djibouti para estos animales jóvenes es la posibilidad de encontrar fácilmente alimento y crecer con rapidez, y la zona con mayor concentración de plancton es el interior del golfo de Tadjoura, y allí nos dirigimos.

Primero realizamos una prospección por los fondos que rodean la isla de Mocha. Más tarde pusimos rumbo al interior del golfo, en donde localizamos algunos tiburones de arrecife y una buena representación de pequeños peces tropicales. Pero seguíamos sin éxito, pese a que el trabajo fotográfico resultaba apasionante. Un día mas tarde parecía que nuestra suerte empeoraba. En un país tan desértico comenzó a llover, y si no hay sol la concentración de nutriente marino en la superficie del agua es nula y, por consiguiente, la posibilidad de que un tiburón ballena acuda a comer es muy remota. La otra posibilidad era encontrar ejemplares en aguas intermedias, pero, francamente, esa tarea era como buscar una aguja en un pajar.

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