Fotografiando al límite

Para obtener buenas fotografías en ambientes gélidos, todos los fotógrafos coinciden en la necesidad de una vestimenta adecuada que nos permita olvidarnos de las penalidades del frío extremo, como bien nos explica Enrique Aguirre.

Cómo vestirse y equiparse para el frío extremo

Amanecer en el Parque Nacional Grand Teton, Wyoming, EE.UU. El sol sale mientras la luna se pone tras los picos Tetons. Una gran tormenta de invierno se aleja y la luz del alba tiñe de rosa las nubes, reflejándose el azul del cielo en la nieve recién caída. La temperatura exterior era de -17°C. Canon Eos 1Ds, zoom Canon EF 24-70 mm f/2’8 L USM posicionado en 43 mm, 1’3 sg a f/11, 100 ISO, trípode, bloqueo de espejo y cable disparador.

De las inclemencias climatológicas, quizás sea el frío la que menos incide negativamente en la calidad de los resultados. Más aún, suele proporcionarnos escenas en el paisaje o la fauna dignas de magníficas fotografías. Sin embargo, visto desde el calor del hogar, el frío extremo no nos anima a salir en busca de sujetos fotográficos. Hoy en día, los fabricantes de prendas de montaña nos ofrecen unas gamas de vestimenta y accesorios que nos permiten enfrentarnos al frío y trabajar en el campo con relativa comodidad, concentrándonos en los aspectos creativos de nuestra actividad. Sin olvidar los aspectos de seguridad que implican las condiciones extremas, lo cierto es que tenemos menos motivos para abandonarnos a la pereza en el sofá.

Es pleno verano y estoy sentado al ordenador escribiendo sobre mi ropa de invierno, mis vecinos en la bahía de San Francisco toman el sol en su terraza, el Golden Gate se esconde tras la niebla veraniega, las colinas de Marín comienzan a tornarse doradas… ¡Me pongo a sudar sólo de pensar en Goretex y forros polares!

Hace unos días me tocó organizar mi equipo de invierno para un viaje a la Antártida —sí, reconozco que soy algo obsesivo y que me gusta preparar las cosas con tiempo—, con lo que reparé en lo difícil que me resultó seleccionar la ropa y el equipo para mi primera expedición a climas polares. Corría 2004 y me preparaba para viajar al golfo de San Lorenzo, en Canadá. Este golfo es una zona muy popular entre los canadienses para veranear, pues las temperaturas son suaves y las playas tranquilas. Sin embargo, en invierno es un océano helado y los visitantes son las focas de Groenlandia.

Los médicos estiman que -40ºC es la temperatura más baja a la que el ser humano, ataviado de forma correcta, es capaz de realizar tareas de forma eficaz. Aunque yo no pensaba exponerme a esas temperaturas, mi visita seria en marzo, durante la época de cría de las focas, y las temperaturas habituales para la zona rondan entre –10°C y -20°C… Yo estoy más acostumbrado a +20°C, así que mi dilema era “¿qué me pongo yo para no morirme de frío?”.

Foca cangrejera sobre un iceberg, estrecho de Gerlache, Antártida. Una foca cangrejera (Lobodon carcinophagus) descansa sobre un iceberg para evitar a las focas leopardo. La temperatura exterior era de -5°C. Canon Eos 1Ds, objetivo Canon EF 500 mm f/4 L IS USM, 1/1.000 sg a f/8, 100 ISO.

Tras leer todo lo que pude en la web, libros de expediciones polares, revistas de aventura y acosar a los pobres vendedores de las tiendas de deportes y montañismo de la zona, logré prepararme para mi primer viaje con clima ártico. Un par de viajes a otras zonas polares después y un invierno recorriendo las sierras de las montañas rocosas y desiertos del oeste norteamericano, he llegado a acumular una serie de ropa y equipo con el que me siento bastante cómodo y seguro trabajando en condiciones de frío extremo que me gustaría compartir con vosotros.

Las claves

Como en casi todo en esta vida hay opiniones para todos los gustos, pero existen algunas recomendaciones casi universales: 1) el algodón mata 2) capas, capas y más capas.

La clave para mantenerse cómodo en climas gélidos está en la capacidad de aislamiento térmico y de humedad de nuestra ropa. Hay que mantenerse caliente y seco, evitando el contacto de la piel con la humedad y el aire frío, pues de lo contrario nos arriesgamos al sufrir hipotermias y congelación que nos pueden llevar a perder falanges o extremidades, incluso a provocar la muerte.

El calor lo genera nuestro propio cuerpo y la ropa evita que se pierda. El truco está en ir creando capas de ropa entre las que queda atrapado aire que crea el aislamiento. Muchas fibras modernas, tales como el Polartec (también llamado forro polar), incrementan esta capa de aire al usar fibras cardadas, creando así más aislamiento con menos peso.

Autorretrato del autor, Enrique Aguirre, con raquetas de nieve en los Tetons, Wyoming, EE.UU.

El problema del algodón está en la mala gestión de la humedad que presenta esta fibra natural. Este tejido es capaz de atrapar mucha humedad, la cual nos lleva a perder aislamiento y, por tanto, nos enfría. Se estima que un cuerpo mojado pierde calor más de 20 veces más rápido que uno seco, así que os podéis imaginar la importancia que tiene este punto. Por tanto, buscaremos prendas de fibras que sean ligeras, térmicamente eficientes y que repelan la humedad.

Generaciones anteriores debían vérselas con gruesas e incomodas prendas de lana y piel. Nosotros nos vemos bendecidos con tejidos modernos como Polypro, Goretex, Polartec, etc., mucho más ligeros y eficientes.

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