Desde la aparición del autofoco, la guerra entre las marcas de fotografía se ha tornado más interesante aún si cabe. Si a mediados de los años 80 la competencia se centraba en la elaboración de objetivos más luminosos o de modelos de cámara con sistemas de flash y fotometría más eficientes, en la actualidad, el frente que ha abierto Minolta por el dominio de la tecnología del autofoco ha supuesto una verdadera revolución en el mundo de la fotografía. Ciencia-ficción hasta hace algunos años, la capacidad de una herramienta para enfocar un sujeto está hoy a la orden del día y es un importante elemento de discriminación a la hora de adquirir un equipo.
La estrategia de las marcas actualmente punteras, Canon y Nikon, ha sido claramente diferente desde un principio, condicionada por la historia pasada de cada casa. Nikon, con una situación de liderazgo comercial y gran cantidad de usuarios profesionales, optó por mantener la montura de sus cámaras y objetivos para no perder la legión de usuarios habituales de la marca. Esta opción, tomada desde un punto de vista exclusivamente comercial, ha supuesto a la postre lo contrario de lo deseado y, sobre todo tras las innovaciones de la competencia, ha conducido a la pérdida paulatina de adeptos.
Por su parte Canon, con una trayectoria histórica de segunda marca en fotografía, eligió el camino de la renovación drástica de su montura, dejando "tirados" a sus usuarios. La elección de incluir motores en los objetivos y establecer las comunicaciones entre cámara y objetivo mediante contactos eléctricos, obligaba a cambiar por completo la montura. Una apuesta arriesgada, pero con una clara visión de futuro a largo plazo, a la que quizá le faltó una especie de plan renove que hubiera facilitado el tránsito desde la antigua montura FD a la actual montura Eos.
El abandono de la montura FD supuso para Canon una pérdida de usuarios, más por la desconfianza hacia la marca que les había dejado abandonados, que por la falta de calidad de la nueva montura. De esta circunstancia se aprovechó Nikon, que adaptó su legendaria montura F para la utilización de objetivos autofoco, de los que su primera generación con la F3AF quedó tan sólo en un intento. Más tarde, con la aparición de la F4 y su compañera menor la F801 y F801S, Nikon alimentó el tirón de una imagen seria y fiel a su usuario, que es, al fin y al cabo, el que mantiene la empresa.
En sus primeros años, Canon aún tenía problemas por resolver falta de objetivos, lentitud de los motores de enfoque, dificultades técnicas en relación con los sensores AF que, pese a la aparición de la nueva montura, hacían difícil la percepción del incremento de calidad y rapidez del autofoco de la casa. En estos años, tanto Nikon como Canon mantuvieron sistemas de autofoco con resultados similares. Todos ellos, con un punto central y unas características técnicas muy parecidas. Fue con la aparición de los motores ultrasónicos o USM, según denominación de Canon, con los que se empezaron a marcar las diferencias.
El lento camino hacia el autofoco
Por su parte, Nikon optó por introducir el motor en la cámara, manteniendo la montura F y haciendo adaptaciones progresivas que, con la aparición de cada nuevo modelo de cámara, suponían también nuevas incompatibilidades o pérdidas de funcionalidad con los objetivos anteriores. Estos "problemillas" se solventaban con modificaciones en las monturas de los objetivos antiguos o de la propia cámara.
Nikon, quizá por miedo a realizar cambios bruscos en su montura, tardó en desarrollar la gama de teleobjetivos autofoco. Convivieron durante varios años objetivos manuales de gran calidad, pero tecnológicamente atrasados, con objetivos AF, que se movían lentamente gracias al exhausto motor interno de la cámara.
Finalmente, Nikon dio el paso con la aparición de la F90 y, más tarde, la puntera F90X e inicia la producción de objetivos AF con motor en su interior: los famosos teleobjetivos AF-I. A la vez, introduce una nueva modificación en la montura, incluyendo los datos de distancia, y añade la letra D a todos aquellos objetivos adaptados. Demasiados cambios en corto espacio de tiempo que suponían al profesional de Nikon dedicar gran cantidad de dinero para actualizarse. Todos tenemos en la mente las versiones del excelente 80-200 f/2,8 de Nikon: desde el comienzo de la era autofoco, al menos ha habido cuatro modelos y ya está anunciado el quinto que, finalmente, parece que contará con estabilizador de imagen aunque no hay datos sobre su compatibilidad con los teleconvertidores de la gama E.