“Ha sido un buen año para los topos y un buen año para los topos significa un buen año para las rapaces nocturnas”, explica el escocés Peter Cairns, desplazado a Oulu, en Finlandia, para fotografiar al cárabo lapón. La lluvia estropea algunas sesiones, preparadas por un guía de la empresa Finnature, pero consigue obtener alguna foto de acción en la taiga boreal.
No muy lejos de Cairns, en los fiordos noruegos, otro de los líderes del proyecto, el sueco Staffan Widstrand, se dedica a fotografiar pígaros y búhos con la ayuda de un par de conocidos empresarios que proporcionan oportunidades fotográficas. El veterano fotógrafo sueco baja la vista a tierra de tanto en tanto y se fija en unas Cypripedium calceolus ...
Milán Radisics fue enviado a uno de los destinos más desconocidos, el lago Skadar, en la recién estrenada República de Montenegro. Tan desconocido le era que, según explica él mismo, metió “una amplísima cantidad de material en mi coche. Incluso tuve que quitar los asientos para acabar de estrujar todo hacia dentro”. Pero una vez visto cómo trabaja este fotógrafo húngaro, no extraña su obsesión para que no le falte de nada y poder afrontar todas las situaciones que se les iban presentando.
“Esperé dos días enteros en el Parque Nacional de Hortobágy, dentro de un magnífico hide para cernícalo pati-rojo”, narra Markus Varesvuo, que al principio tenía como principal objetivo fotografiar oropéndolas y pitos reales en Hungría. En cambio, el fotógrafo finlandés, especializado en fauna, se puso las botas con los abejarucos, pinzones, tórtolas, ardeidas y algunas rapaces. Fue el primero en entrar en acción.
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