El zoom 80-400 mm f/4’5-5’6
Se especulaba desde hace años cuándo se dotaría de motorización ultrasónica al viejo 80-400 mm f/4’5-5’6 AF VR D ED, cuya calidad óptica es excelente pero que está penalizado por su autoenfoque mecánico. De motorizarse, esta óptica tendría muchos clientes en el sector naturaleza; de hecho, la inexistencia de un 100-400 mm ultrasónico ha sido uno de los factores que han motivado el cambio de equipo a Canon por parte de bastantes usuarios.
El anuncio en el pasado agosto de 2007 de cinco ópticas nuevas, que incluían la estabilización de los grandes teles profesionales, parece más un gesto hacia los profesionales de los deportes que de la naturaleza, y una vez más el 80-400 mm se quedó sin su lifting. Mejorar su autoenfoque hubiese implicado quizás posicionarlo demasiado cerca del 200-400 mm, las ventas del cual podrían salir perjudicadas. Bastantes fotógrafos, incluso profesionales, podrían ser tentados: ahora deben cargar el 70-200 mm y el 200-400 mm para cubrir un rango óptico que un 80-400 mm AF-S VR II cubriría muy dignamente él solito, aunque con menor luminosidad.
Es de temer pues, que seguirá sin haber un equivalente al Canon 100-400 mm f/4’5-5’6 en la gama de Nikon, teniendo que optar los usuarios por un producto único e impecable, pero a un precio prohibitivo. Una vez más nos viene a decir el fabricante que tenemos disponibles las mejores ópticas existentes, y una vez más tendremos que pagar por ellas, por falta de gama intermedia.
Los usuarios de Nikon estamos bastante obligados, de todas formas, a invertir dinero en ópticas luminosas. El ruido en altas sensibilidades es una debilidad de la generación D2, y es recomendable adoptar ópticas más luminosas para compensar el rendimiento de 800 ISO para arriba. Ahí es donde el rango dinámico anunciado para las D3 y D300 compensaría muy bien la poca luminosidad del 80-400 mm, de haberle añadido el motor ultrasónico.
Precios, alternativas y el nuevo sensor
Es inevitable abordar también las malas noticias, es decir, lo que nos costará enamorarnos del 200-400 mm, una óptica que ciertamente no tiene equivalentes ni sustitutos. Sin embargo, para hablar de precio habría que poder comprarlo: este objetivo parece estar permanentemente agotado en todo el planeta Tierra, y para obtener uno hay que estar en una lista de espera o tener mucha suerte.
El precio recomendado en Europa está sobre los 7.200 euros. Podemos conseguir una rebaja sobre este precio porque el objetivo se anuncia en algún que otro outlet europeo de venta por correo por 5.900 euros, IVA incluido. Puede resultar conveniente interesarse por los precios de venta en Estados Unidos, un mercado donde el material de Nikon siempre resultó más económico que en Europa, especialmente con el cambio actual de la divisa.
Una alternativa natural, de bastarnos por nuestro estilo o técnica una focal menor de 400 milímetros, sería el 300 mm f/2’8 AF-S VR G. Alcanza una calidad óptica algo mejor, es más luminoso, más ligero, aísla mejor el sujeto por la poca profundidad de campo a f/2’8, y tiene un AF más rápido; sólo carece de la versatilidad del zoom.
Sin embargo, es más probable que nos quedemos cortos que otra cosa. Para nosotros los 400 milímetros pueden ser en ocasiones insuficientes, dependiendo del sujeto y de la técnica de aproximación. Desde hide y con animales grandes no va a haber mucho problema, pero fuera de ahí a menudo vamos a querer montar el teleconvertidor. En términos de ángulo de visión, sobre el sensor DX de Nikon este objetivo equivaldría a un 300-600 mm f/4, pero no debemos olvidar que ópticamente, sigue siendo un 200-400 mm.
El reciente anuncio de la nueva generación de cámaras carga más dudas sobre los que estemos cavilando en adquirir un teleobjetivo. El sensor de formato película en la D3 implica que el problema de alcance se recrudecerá si en el futuro optásemos por esa cámara o sus descendientes. En realidad no sería una cuestión de alcance, porque a igual sujeto y distancia, la imagen formada idéntica en tamaño; es sólo el cuadro donde la proyectamos el que cambia a mayor. Podríamos recortarlo, ya que la nueva máquina posee un modo DX, pero la menor densidad de píxel de ese sensor implica que su formato DX sólo contendrá unos 5 megapíxeles, lo cual lo hace muy poco útil.
Afortunadamente, la marca parece haber renunciado a una dicotomía clara entre modelos profesionales y aficionados; pues el binomio D3-D300 se distingue no por prestaciones sino sólo por formato de sensor. La D300 tiene todas las características cruciales de la D3 e incluso añade mejoras, por lo que la podrán adoptar los profesionales que puedan renunciar al amplísimo rango dinámico del sensor de la D3. A cambio seguiremos disponiendo de una opción de 12 megapíxeles, excelente calidad y quizá, un compromiso de futuro con el formato DX, que tan útil ha resultado para nuestros teleobjetivos.
En ese caso, si tenemos claro que nuestro equipo conservará el formato DX en el futuro, es difícil elegir otro teleobjetivo que no sea el 200-400 mm f/4 AF-S VR G, y acompañarlo con el TC14EII que nos llevaría hasta los 640 mm, los cuales nos parecerían 960 al mirar por el visor. Podríamos prescindir o no del TC17EII, que también da resultados de calidad, pero que se cobra su peaje. Otras opciones de segundas marcas —como el Sigma 120-300 mm f/2,8, que hemos introducido brevemente como contrapunto en esta prueba— nos fallan por su autoenfoque más lento y por alcance menor, aunque no por calidad de imagen.
A quien desde el 23 de agosto de 2007 esté soñando con la D3 y su gran sensor, probablemente no le interese tanto el objetivo que probamos hoy sino las focales fijas de mayor alcance, como uno de los tradicionales 500 ó 600 mm f/4 (por lo demás ahora estabilizados) con o sin convertidor 1’4x. Para ellos volverán los tiempos y las sensaciones de la película.
Alternativamente, una opción interesante —aunque pesada— es hacerse con el 400 mm f/2,8 y un multiplicador 2x, una de las pocas opciones que mantiene un autoenfoque eficaz con este complemento, proporcionando un 800 mm f/5’6. Eso sí, el precio también sería muy superior al del 200-400 mm, que quizá ahora nos parecería económico en comparación.
Conclusiones
El objetivo que hemos probado no es una panacea, pero es un compromiso tan eficaz que a menudo lo parece. Es una óptica contradictoria y completa, que siendo un zoom da calidad propia de una focal fija ya desde plena apertura; siendo pesado, permite trabajar a mano alzada, y también combina adecuadamente con teleconvertidores, especialmente el 1’4x.
Ofreciendo la inestimable versatilidad de un zoom, a pesar de sus muchos elementos ópticos tiene controlados bastante bien los velos y reflejos internos, y además enfoca muy cerca. Es caro si pensamos en las ópticas más tradicionales, pero cuesta cerca de la mitad de los grandes y prohibitivos teleobjetivos luminosos a los que puede sustituir; por lo demás, por el precio que pagamos de él obtenemos el equivalente de tres ópticas.
El valor real de todos los compromisos son la excelencia a la que hay que renunciar en cada área. Su calidad óptica es muy elevada, aunque ligeramente inferior a la del 200 mm f/2 o del 300 mm f/2’8. El autoenfoque no es tan rápido como el más veloz de la gama y, según parece, el estabilizador no es la versión más reciente. Pero son pérdidas muy ligeras en cada área y a cambio obtenemos una versatilidad y un potencial fotográfico elevadísimos.
Nos gusta
Potencial creativo
Calidad de imagen
Calidad de construcción
No nos gusta
Precio en Europa
Casi nula disponibilidad en el mercado
Tendencia a velos con iluminación frontal
Aberración cromática (a corta distancia)
AUTOR/ES