Uso a mano alzada y estabilización
Reunir este objetivo con una D2x implica utilizar un potencial fotográfico enorme. El conjunto posee gran rapidez y potencia, pero también implica manejar un objeto de 4,5 kilogramos. Es totalmente cierto que esta óptica puede usarse a mano alzada, incluso a focal extrema y velocidades bastante lentas; nosotros mismos, inicialmente escépticos, tuvimos que rendirnos a la evidencia tras los primeros resultados, que llegaron sin dificultad. La imagen adjunta de los girasoles se realizó a mano alzada en la focal de 400 mm y a 1/200 de segundo, f/10 y VR activado. El recorte al 100% no lleva ningún tipo de enfoque.
Sobre trípode y con sujetos estáticos llegamos a 1/20 de segundo con resultados muy aceptables, pero ya más ligados al azar.
El VR funciona casi mágicamente y encuentra en estas focales su máximo interés. El efecto estabilizador es mucho más perceptible que con otras ópticas más cortas, y resulta difícil comprender cómo Nikon tardó tanto en incluirlo en sus teleobjetivos largos clásicos: el 400 mm f/2’8, el 500 mm f/4 y el 600 mm f/4 hace muchos años que merecían y necesitaban esta ayuda, que les llegó en agosto de 2007. Sobre trípode, la eficacia del VR es también elevada pero nos queda la duda de lo que sucede si se desconecta. Algunos usuarios del 200-400 mm creen que sus resultados ópticos sobre trípode mejoran cuando no usan la estabilización.
Nos quedó muy claro que necesitaríamos muchas sesiones de gimnasio para poder trabajar a mano alzada más de dos o tres fotografías rápidas: para nosotros, el peso es excesivo para un trabajo continuo. Sin embargo, consideremos que usando una alternativa natural para fotografía de fauna como sería el 500 mm f/4 estaríamos en la misma velocidad de obturación, con un 25% más de longitud focal, con medio kilogramo más y sin VR (a menos de usar el último modelo, aún no disponible). Perspectiva que nos hace muy buena la opción del 200-400 mm… ¡Añadiéndole un monopié!
No podemos recomendar adquirir trípodes de baja calidad pero es evidente que el estabilizador de este objetivo perdona el uso de soportes no tan seguros como los que son tradicionalmente necesarios para estas focales.
Pero a veces la publicidad tiende a hacernos olvidar un aspecto fundamental: la estabilización permite compensar el movimiento del fotógrafo, no el del sujeto. Las vibraciones de los latidos de nuestro corazón y nuestras manos quedarán compensadas por el VR, pero que nadie imagine que va a poder trabajar con un f/4 como si fuera un f/2’8 porque el estabilizador no congela el movimiento del sujeto. Eso sólo se logra con una velocidad de obturación elevada, lo que depende primariamente de la luminosidad del objetivo, porque, con la gama actual de cámaras Nikon, las sensibilidades altas se cobran su precio en calidad de imagen. O sea que si vamos a fotografiar fauna que se mueve rápidamente y en condiciones de luz difíciles, quizá necesitemos priorizar y gastaros cuatro mil euros adicionales para hacernos con un 400 mm f/2’8. No es más caro que un automóvil de segunda mano, y es para toda la vida.
Autoenfoque
Para practicar con el autoenfoque nos dirigimos a un acantilado de la costa mediterránea por donde suelen transitar aves marinas, principalmente gaviotas. Los lectores encontrarán un ejemplo junto a estas líneas con su correspondiente recorte al 100%.
Tanto sobre la D2x como con la D200, el autofoenfoque es extremadamente rápido. Aún sin haberlos comparado lado a lado, la impresión es que la combinación no está muy por debajo del 300 mm f/2’8 AF-S II, que es una referencia en la marca.
Como la estabilización, un buen autoenfoque no es una garantía absoluta de éxito, por rápido que sea. En posición continua (AF-C) el seguimiento de los sujetos entre puntos de enfoque es bueno y el ajuste de foco rápido, pero sigue siendo complicada la adquisición en el momento de iniciar los seguimientos de animales en vuelo. En casos como el presente, de sujetos veloces que siguen trayectorias frontales a laterales, la reciente ampliación de los puntos de enfoque a 51 sensores en las nuevas cámaras puede mejorar esto en gran medida. Como en los demás Nikkor ultrasónicos, en posición continua AF-C puede retocarse el enfoque a mano y la cámara desconecta entonces el autofoenfoque.
En general, se necesitará una cierta práctica para su manejo competente ya que el zoom, además de añadir prestaciones, también presenta las dificultades de gestionar un nuevo factor en los momentos intensos en que gozamos de la presencia, quizás efímera, del sujeto.
En cuanto a los teleconvertidores, el uso del 1’4x no perjudicó el autofoenfoque de una forma muy sensible: el seguimiento seguía siendo bueno y sólo aumentaron algo las dificultades en la adquisición de foco. Sin embargo con el 1’7x la cosa cambió algo y sólo parecía fiable con abundante luz, siendo su comportamiento errático en los demás casos. No deja de ser una mejora sobre la doctrina de la casa, que preconiza que esta combinación simplemente no funciona al proporcionar una luminosidad f/6’7, inferior al tope de f/5’6. Ambos complementos ópticos respetan el VR sin ningún problema aparente.
El uso de estabilización y autofoenfoque lo hace goloso en energía. Los usuarios de la D200 desearán hacerse con una batería de repuesto adicional si adquieren el 200-400 mm, puesto que su cámara ya de entrada no es un modelo de ahorro energético. En una tarde de gaviotas con el 200-400 mm se pueden gastar por completo dos baterías realizando unas 400 imágenes. Con la D2x y sus prodigiosas baterías no habrá problema alguno.