Ante el objetivo
Lo primero que veremos del objetivo al sacarlo de la caja es su funda, un ejemplo de calidad y diseño ergonómico. Está confeccionada en fibra sintética resistente y reforzada, con varias posibilidades de sujeción y transporte, presentando una apertura muy cómoda. Sólo le falta la posibilidad de transportar también el cuerpo de la cámara, lo que por desgracia resulta imposible por la falta de espacio.
Digamos de entrada que de acuerdo con su reputación se trata de una óptica grande y pesada, pero no creemos que eso deba escandalizar a nadie. Por poner un ejemplo, el viejo y renombrado Tamron 400 mm f/4 de enfoque manual pesaba 2’8 kilogramos, no tan lejos de los 3’25 del Nikon que ofrece además el zoom desde los 200 mm y los aditamentos tecnológicos adicionales.
La fórmula óptica es muy compleja y consta de 24 elementos, de los cuales 4 son de cristal especial ED de baja refracción. Con tantas superficies cristal-aire es más probable que se produzcan serios problemas de reflejos internos, neblina o imágenes fantasma. Un detalle revela este temor por parte de los ingenieros. Como en los súper teleobjetivos, Nikon incluye en el diseño óptico una lente frontal puramente protectora, que es plana y desmontable. La diferencia en este caso es que, aun saliendo de fábrica montada en el objetivo, en el embalaje encontraremos una caja especial para conservarla aparte, a usar en caso de que el fotógrafo decidiera retirarla. La explicación oficial son precisamente las situaciones con luces frontales, donde prescindir del filtro puede ayudar a reducir reflejos. Efectivamente en el curso de las pruebas encontramos una tendencia a producir imágenes fantasma cuando había luces directas en el cuadro, pero no nos pareció un fenómeno exagerado.
La calidad de construcción es impecable en todos los sentidos; únicamente el soporte para trípode podría ser mejorado algo en cuanto a su rigidez. De hecho existen opciones alternativas de terceras marcas (las habituales Really Right Stuff y Kirk Enterprises) para sustituir al original. Este soporte puede girar a 360 grados, y se maneja y fija con facilidad.
El aro de enfoque es demasiado estrecho para nuestro gusto y está situado en la parte frontal del objetivo. Se encuentra algo alejado del anillo del zoom, de gran anchura y que se encuentra en posición intermedia; parece en esto un hermano mayor del 70-200 mm f/2’8, su óptica complementaria por excelencia. Hay otra banda revestida de goma en el extremo final del objetivo destinado a agarrarlo con la mano, pero al ser del mismo material que el cercano anillo de enfoque puede inducir a confusión al principio si se trabaja al tacto.
Existen cuatro pulsadores en esa zona para recuperar la posición de enfoque previamente memorizada mediante otro botón, situado cerca de la montura. La memoria electrónica es una buena opción porque permite preenfocar puntos definidos y recuperar rápidamente ese reglaje; por ejemplo, podemos memorizar el enfoque sobre el posadero de un ave y hacer vuelos mientras tanto, sabedores que en cuanto se pose recuperaremos instantáneamente ese punto preenfocado. Existe la posibilidad de emitir señales sonoras durante esta operación, opción que evidentemente no necesitamos ni nos hace la más mínima gracia. Afortunadamente hay un conmutador para silenciar eso.
En el área más cercana a la montura encontraremos también los mandos tradicionales para el AF, así como para el mecanismo vibration reduction (VR) de estabilización de imagen. En el caso del primero existe un limitador de enfoque para definir dos rangos de distancias y optimizar la velocidad de enfoque. El estabilizador cuenta con dos posiciones: una normal y otra “activa”, a utilizar cuando el fotógrafo se encuentra sujeto a oscilaciones amplias y profundas, como sucedería a bordo de una embarcación o de un vehículo. La marca recomienda dejar el VR en posición normal también cuando se utiliza sobre trípode; no hay una posición específica para eso, pues el sistema tiene la lucidez suficiente para detectar los barridos voluntarios y no estropearlos.
En el cuerpo del objetivo encontraremos un cajetín para filtros, que son extraíbles y de inserción posterior. El buen detalle es que el mecanismo utiliza los mismos filtros de 52 mm que enroscamos en la delantera de muchos objetivos de la marca. Viene con un filtro neutro desde fábrica, que no debe quitarse en uso normal.
El parasol es un elemento muy importante en estos teleobjetivos. Por fin Nikon abandonó el sistema de fijación tradicional en los teles largos, en que un tornillo apretaba contra el exterior del objetivo. La base de este tornillo era propensa a roturas, y además deterioraba el metal del objetivo. En este caso, el parasol de carbono HK-30 (el mismo que en el caso del 300 mm f/2’8) sigue teniendo un tornillo, pero está bien diseñado y actúa sobre un anillo plástico que abraza toda la circunferencia del objetivo, obteniéndose una fijación mejor y más fiable. No pierdan este parasol: su precio como recambio puede superar los 450 euros.
Manejo general
En cuanto a focales, la versatilidad de este objetivo es evidente, especialmente en situaciones de aguardo. En un hide resulta inestimable la capacidad del zoom que nos permite un encuadre preciso de la escena. Sólo los usuarios de manos no muy grandes objetarán que cambiar la focal rápidamente les puede resultar algo incómodo al principio si usan enfoque manual, porque los dos anillos no están muy cercanos.
La memoria de enfoque es una característica útil que en los tiempos de los teleobjetivos manuales corría a cargo de un aro bloqueable, paralelo al de enfoque. Permite memorizar los puntos concretos donde sabemos que estará nuestro sujeto, y ajustar allí el foco muy rápidamente cuando llegue. Como nota de uso, hay que tener en cuenta que pueden darse ligeras inexactitudes si se recupera el enfoque a diferente longitud focal que se memorizó, pero cumple su función. El limitador de rango de distancias reduce el tiempo perdido cuando la cámara no lograr fijar el enfoque y llega hasta el tope.