En el otoño del 2007 ha tenido lugar la décima edición del Trofeo Montbarbat. Diez años dedicados a la labor de la difusión de la fotografía de la naturaleza y la montaña a través de un concurso de fotografía que ha conseguido con mucho esfuerzo el reconocimiento y respeto de gran parte de los aficionados y profesionales del sector.
No deja de sorprender la enorme cantidad de concursos que existen. No paran de surgir más y más concursos de fotografía. Los hay de todo tipo, con los temas más inverosímiles y gran variedad de formatos. Realmente todo se debe a la tecnología, pues estamos en una época dorada para la fotografía; por lo menos nunca había sido tan popular. Y, en esta vorágine de capturas de imágenes, los concursos surgen como champiñones con los más variopintos fines y dirigidos a diferentes consumidores de fotografía.
Si se analizan los concursos y se medita sobre cada uno de sus puntos, se observa que los concursos de fotografía nunca son acertados en todo: algunos pecan en sus bases, otros en sus criterios y valoraciones para premiar, o en la variedad y cuantía de premios, o en el trato hacia los participantes y sus obras, o en el uso de las obras recibidas... El concurso ideal y a medida no existe; pero los aficionados deben aprender a diferenciar entre concursos y “concursos”. La transparencia en sus actos y el respeto y comunicación hacia los participantes deben primar por encima de otros aspectos más llamativos. Aún así se ha de ser consciente que los veredictos siempre son subjetivos y no son infalibles, por muy experto y profesional que sea el jurado.
Probablemente se equivoquen todos aquellos que ven en un concurso de fotografía una finalidad. Los concursos deben de ser los medios para otra finalidad más importante: la difusión de las obras que participan y de sus autores. Las exposiciones, ediciones de catálogos o libros, Internet, son elementos fundamentales asociados a los concursos que no deben de faltar. Si, además, se consigue crear un punto de encuentro a través de actos, charlas, presentaciones de libros o audiovisuales, se genera el clima propicio para que un concurso sea redondo. Así pues, la calidad de un concurso no va siempre ligada a la cuantía de sus premios sino a un total de parámetros que son difíciles de encontrar entre la enorme cantidad de concursos fotográficos existentes.
Desde su humildad, el Montbarbat siempre ha pretendido ser algo más que un concurso. Tras diez años de recorrido está consiguiendo ser un punto de encuentro donde enseñar las obras portadoras de múltiples mensajes y de una variedad, belleza y creatividad que le dan el verdadero valor al certamen.