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Técnica



Las formas del hielo

Hielo a partir de agua en movimiento

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Otras formas de hielo muy interesantes son las que se originan donde hay salpicaduras de agua, que poco a poco, con el frío, se van congelando, como es el caso de fuentes, rápidos de ríos o cascadas. En estos lugares la variedad de formas que puede adquirir el hielo es enorme, ya que depende del sustrato sobre el que se asienta (hojas de diversos tipos, ramas, pequeñas piedras, rocas, etc.).
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Una primera posibilidad fotográfica es incluir en la imagen tanto el hielo como el agua líquida que lo originó. Estos dos elementos se pueden combinar mediante vistas generales, que permiten apreciar cómo se forma el hielo, o por medio de detalles que incluyan las partes más llamativas o espectaculares de ambos.
Otra opción que da mucho juego es buscar detalles curiosos del hielo. Las diversas formas que puede adquirir el agua congelada, junto con la gran variedad de colores que se generan (causada por las diferentes tonalidades del sustrato que hay bajo el hielo y, en menor medida, por la dispersión de la luz), nos abren la posibilidad de crear composiciones más o menos abstractas y sorprendentes. Estos detalles pueden incluir hojas o ramas atrapadas en el hielo, lo que aumenta las posibilidades de composición.
Otra forma de agua en movimiento que puede originar hielo, y que vale la pena explorar, es la que se da donde el agua se escurre o gotea por lugares más o menos inclinados, como taludes, rocas o aleros.

Hielo a partir de agua en reposo

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En las aguas en calma, como las que hay en estanques, charcas o pequeñas cubetas entre las rocas, pueden surgir buenas oportunidades fotográficas. Si el frío es intenso también los embalses, lagos y lagunas — incluso ríos en zonas remansadas o tramos tranquilos— pueden llegar a congelarse. El hielo así formado presenta unas características diferentes al anterior. De entrada, su superficie es plana, por lo que no podremos componer basándonos en las formas del hielo; en compensación, esas superficies lisas favorecen la fotografía de detalles abstractos, siempre que podamos situar la cámara perpendicularmente a la superficie del hielo, ya que será fácil conseguir que toda la imagen esté enfocada. Además, con frecuencia se forman burbujas de aire que quedan atrapadas en el hielo, lo cual, junto con las diferentes texturas de la superficie helada, crea una gran variedad de posibilidades para la fotografía macro.
Por supuesto, también se puede tratar este tema con otros objetivos. A mí me gusta especialmente utilizar grandes angulares, para poder fotografiar algún detalle cercano y curioso del hielo en primer plano, pero enmarcado en una visión más general del lugar.
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Si además tenemos la suerte de encontrarnos con ríos o lagos helados, la espectacularidad y rareza de la escena ya merecen de por sí su fotografía. Conviene recordar que en estos lugares hay que ser muy prudente. A veces nos encontraremos con situaciones en las que nos gustaría poder movernos con libertad por un río o un lago congelado y no tener que limitarnos a fotografiar desde la orilla, pero el peligro es muy alto; si la superficie helada se rompe puede no ser fácil alcanzar la orilla y, aún en este caso, el riesgo de hipotermia debería hacernos desistir de intentarlo. Ante todo, mucha prudencia.
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