La piel expuesta
Como es lógico, ciertas zonas de nuestra piel siempre quedarán expuestas al medio, principalmente la cara (aunque el pasamontañas evita esto), por lo que debemos protegerlos.
Las condiciones extremas a las que nos veremos expuestos se darán no sólo en invierno, sino también en altura y en los polos, regiones en las que la radiación solar puede ser extrema debido a que la atmósfera tiene menos capacidad de filtrado (ya sea por que es más delgada o por la reducción de la capa de ozono). Además debemos recordar que el frío extremo tiende a secar el aire, ya que el vapor de agua presente tiende a condensares y precipitar en forma de nieve o hielo.
Para la piel expuesta podemos usar un filtro solar para el frío que mantendrá hidratada la piel y nos protegerá de los rayos UV. Muy recomendable es el Isdin 14-8.000. Su nombre hace referencia a los 14 picos de más de 8.000 metros. Isdin también produce un protector labial para el frío muy bueno, que evitará los labios agrietados.
Por último, debemos mantenernos hidratados ya que por la respiración y transpiración perderemos agua a marchas forzadas. Curiosamente hay casos en los que los síntomas iniciales de hipotermia se pueden confundir con los de la deshidratación haciendo muy complicado el tratamiento en caso de accidente.
Otro complemento vital son unas buenas gafas con filtro UV, ya que de no usarlas podemos sufrir la llamada ceguera de nieve en la que la cornea queda dañada por la intensa radiación solar y el reflejo de la nieve o el hielo.
Otras prendas y complementos
El frío trae la nieve y esto aporta otro problema. La nieve tiende a granularse al enfriarse y se colará por cualquier resquicio. Al calentarse junto al cuerpo se derrite y nos mojamos perdiendo aislamiento. Para evitar que esto ocurra podemos usar polainas sobre el pantalón de Goretex y las botas, cerrando el paso a la nieve.
La nieve también nos dificulta los movimientos, especialmente al caminar sobre ella. En determinadas regiones la nieve puede ser tan fina que apenas ofrece resistencia a nuestro peso. En cierta ocasión, en las Montañas Rocosas, bajé del coche para realizar una observaron y al pisar sobre la nieve virgen me hundí en ella hasta el pecho... ¡Y aun no había tocado suelo! Tras repartir el peso y “nadar” logré salir del apuro, agotado y sudoroso. En estos casos debemos usar las famosas raquetas de nieve.
Al elegir unas raquetas debemos considerar que tengan una superficie adecuada al peso que deberán soportar, no sólo el nuestro, si no también el de nuestro equipo así como agua y algo de comida y ropa extra. Un par de raquetas demasiado grandes nos estorbarán al caminar, un par demasiado pequeñas hará que aun nos hundamos en la nieve y que nos cansemos más de la cuenta.
Las raquetas deberán tener crampones para el hielo e ir acompañadas de un par de bastones que nos ayudaran a mantener el equilibrio y que nos servirán de apoyo al levantarnos si nos caemos.
Un complemento muy útil son los llamados calentadores químicos. Son unos sobres que al exponerlos al aire crean una reacción química exotérmica (basada en compuestos no tóxicos) y que desprenden calor. Son ideales para llevar en bolsillos, guantes y botas para mantener los dedos calientes. Últimamente han aparecido unos con forma de plantilla que podemos llevar dentro de la bota y que calientan la planta completa del pie, no sólo los dedos.
Mas allá de los límites
En ciertas condiciones incluso todo esto no será suficiente y debemos buscar prendas extremas. Para expediciones polares en invierno, alta montaña (ochomiles) y lugares donde podamos encontrarnos por debajo de los -20°C, fabricantes como The North Face o la rusa Bask ofrecen monos integrales de plumón. De composición parecida a los sacos de dormir con capuchones que se cierran sobre la cara y cremalleras selladas, estas prendas ofrecen protección extrema a un precio extremo. También encontraremos monos de flotación ideados para travesías sobre el mar (helicóptero, kayak, zodiak) que no solo ofrecen asilamiento térmico, sino que también aportan flotación en caso de caer al mar.
Otras consideraciones
¿Qué hacer con bolsas, baterías y demás equipo fotográfico? Con el frío las baterías pierden carga de forma muy rápida, por lo que es recomendable no llevarlas en la bolsa con el resto del equipo sino en un bolsillo interior cerca del cuerpo para que éste las mantenga calientes hasta el momento de introducirlas en la cámara. También podemos llevarlas en los bolsillos junto a los calentadores térmicos. Al regresar a nuestro alojamiento no debemos abrir la bolsa del equipo, ya que el cambio de temperatura hará que la humedad del ambiente se condense sobre lentes y electrónica dejándolas inútiles. Lo mejor es esperar varias horas (yo calculo una hora por cada 10 grados de diferencia) hasta que las temperaturas se igualen de forma paulatina.
Al salir al campo en invierno debemos ser previsores y asegurarnos que llevamos algo más de ropa por si el tiempo empeora (ley de Murphy: si no las llevas seguro que empeorará), calentadores químicos de sobra, un mechero o cerillas de tormenta para hacer fuego si fuese necesario, un teléfono móvil para pedir ayuda en caso de emergencia, agua para mantenernos hidratados y comida para que nuestro metabolismo nos pueda proporcionar suficiente calor.