A un fotógrafo de la naturaleza gallego, y creo que de cualquier otro lugar de la Península, el hecho de mirar un mapa de Europa, localizar Finlandia, calcular la distancia a la que se encuentra ese país y su latitud, e imaginar al mismo tiempo las posibilidades fotográficas de sus bosques y lagos, le produce una especie de vértigo que sólo los del gremio somos capaces de comprender. Y ésa es una “enfermedad” que, aunque no grave, causa una desazón cuya mejor cura consiste en liarse la manta a la cabeza, dejar los cálculos económicos para la vuelta, convencer a tu señora de que si no vas te mueres, y plantarse allí. Más o menos eso es lo que hicimos. Y funcionó.
Los preparativos
La idea de un viaje a Finlandia surgió, como muchos otros proyectos fotográficos, a partir de una tercera cerveza. Fue un domingo de invierno, después de pasarse una mañana persiguiendo colimbos inútilmente por la costa norte gallega. Aunque la decisión fue unánime en el quinteto que habitualmente nos dedicamos a estas labores, fotografía de la naturaleza y demás, los ánimos se fueron enfriando por motivos económicos, laborales o familiares, y, a menos de dos meses de la época elegida, mediados de junio, el grupo se redujo a dos.
Plantados ante un detallado mapa del país, Luis y yo no tardamos ni cinco minutos en darnos cuenta de que no teníamos ni idea de por donde empezar. El escaso tiempo que nos quedaba hasta las fechas señaladas, impuestas por el trabajo de cada uno (sólo permitían hacer coincidir nuestras vacaciones durante un par de semanas en junio), y el poco conocimiento del país, nos impedían elaborar por nuestra cuenta algún itinerario que pudiese satisfacer nuestras ansias fotográficas.
La solución vino de la mano de una revista de fotografía de la naturaleza, en la cual, a continuación de un artículo sobre Finlandia, aparecían algunos anuncios sobre agencias que se dedican a realizar excursiones fotográficas por los países nórdicos y Rusia. Casi al azar escogimos Finnature y, sin dudarlo, nos pusimos en contacto con ellos a través del correo electrónico, por cierto, en español. Nos contestaron, mejor dicho, nos contestó Leena, y, para nuestra sorpresa, en un español, que, aunque no perfecto, era lo bastante bueno para superar en mucho a nuestro titubeante inglés. Y, en todo caso, perfectamente inteligible. El hecho es que, en un par de correos, ya habíamos fijado fechas —del 10 al 21 de junio— y disponíamos de un listado con las especies de aves presentes en la zona a visitar en esa época del año y su accesibilidad fotográfica. Nos sugirió Leena que, debido al poco tiempo de que disponíamos, escogiésemos aquéllas que nos resultaran más interesantes. A Luis y a mí nos daba la risa floja cuando señalábamos cárabo lapón, mochuelo chico, colimbo ártico, cisne cantor, pico tridáctilo, somormujo cuellirrojo… Bueno, con que en realidad se ponga alguno a tiro, podemos darnos por satisfechos, pensábamos. ¡Ah! Y oso pardo totalmente garantizado.
Poco después nos asignaron guía, Harry Taavetti, quien nos propuso enseguida un itinerario que nos llevaría e recorrer la lääni división administrativa equivalente a nuestras antiguas regiones de Oulun, en el que figuraban los lugares a visitar cada día y las especies, tres o cuatro, que intentaríamos fotografiar cada uno de ellos, que incluía muchas de las que nosotros habíamos seleccionado.
Esta lääni es, después de Laponia, la mayor de Finlandia, y se halla precisamente al sur de aquella región, ocupando la parte central del país. Sus 61.146 kilómetros cuadrados, que duplican sobradamente la superficie de Galicia, se extienden desde el golfo de Botnia, en el mar Báltico, hasta Rusia. Poco poblada, salvo en la zona costera, donde se encuentra Oulu, su capital, se halla prácticamente cubierta de bosques salpicados por numerosos lagos.