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El fotón



El baño del cormorán antártico

Por: 
Jordi Xampeny

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Para los fotógrafos de la naturaleza todavía existen algunos lugares míticos, enclaves que permanecen como paraísos fotográficos. Uno de ellos es, sin duda, la Antártida, el sexto continente, el más aislado y el único sin población nativa, donde sólo existen algunas bases científicas. Contiene cerca del 80% del agua dulce del mundo. Durante ocho meses al año es difícil visitarlo, por sus fuertes vientos y bajas temperaturas. Será en el verano austral, de mediados de noviembre a marzo, cuando el hielo se funde permitiendo la navegación, el momento de visitarlo.

En 1991, las Partes Consultivas del Tratado Antártico adoptaron el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (también conocido como Protocolo de Madrid), designando a la Antártida reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia. Las normas son elementales: no introducir animales o plantas, no recolectar ni llevarse nada, no molestar a los animales, etc. Con el aumento de visitas turísticas hay que ser cuidadosos, pues 11.000 turistas visitaron la Antártida en 2001 y en 2005 fueron 26.000. Sólo deseo que en los próximos cinco años no vuelva a duplicarse.

Para realizar expediciones a la península Antártica, el punto de partida es, generalmente, el puerto de Ushuaia, en Tierra del Fuego (Argentina). Se necesitan dos días de navegación para cruzar el estrecho de Drake (aproximadamente 1.000 km), conocido por su fuerte oleaje y los frecuentes mareos que provoca. Durante cinco o seis días se visitan diferentes islas y bases científicas en la península y en las islas Shetland del Sur, para volver por el estrecho de Drake.

Esta imagen está tomada en Jougla Point, en la isla Wiencke (península Antártica), cerca de la isla Goudier, donde se encuentra la base científica inglesa Port Lockroy, inaugurada en 1944.

En diciembre la temperatura es agradable y las horas de luz son incontables. La mayoría de las aves nacen a principio de mes, ofreciendo un espectáculo único para los amantes de los animales. A mi alrededor tenía una pequeña colonia de cormorán antártico (Phalacrocorax bransfieldensis) y una colonia de pingüinos papúa (Pygoscelis papua). Cientos de nidos con sus crías recién nacidas, cormoranes volando o bañándose, pingüinos en plena actividad, un sueño hecho realidad.

Técnicamente, escogí una velocidad elevada para congelar el movimiento del agua, y cerré dos puntos el diafragma para ganar suficiente profundidad de campo en la cabeza. Siempre me han impactado las imágenes de fauna en acción, a lo que se suma que el agua es un elemento muy gráfico que ofrece mayor dinamismo a la imagen. Para un fotógrafo naturalista acercarse a los animales sin necesidad de esconderse y sin alterar su comportamiento, no tiene precio (bueno, sí, viajar a la península Antártica).

Cámara Canon 30D con empuñadura BG-E2, objetivo Canon 300 mm f/2’8 L IS USM, 1/2.000 sg a f/5’6, 100 ISO, balance de blancos manual, formato RAW, monopie Gitzo G 1566.

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