Cámara Nikon F801s, objetivo Sigma 17-35 mm, filtro polarizador, trípode y cable disparador casero.
Llevaba unos años controlando avutardas cerca de mi pueblo y el año pasado la siembra fue ocupada por varios aguiluchos cenizos, así que aproveché la ocasión para montar el hide en un camino entre tablas de trigo. Después de varios intentos con no muy buena fortuna, coloqué un poste en un lugar del camino donde vi que los cenizos se posaban con frecuencia directamente en el suelo. Una mañana de niebla de la pasada primavera lo intenté de nuevo y esta vez sí que hubo suerte.
El macho aceptó el poste rápidamente y se posaba aproximadamente cada media hora después de haber cebado a su hembra, con la que copuló al menos en dos ocasiones pero lejos de mí. Se secaba el plumaje mojado por la hierba en los lances de caza, se aseaba y llamaba continuamente a su pareja. Vista la aceptación del poste y del posterior aguardo, y ya con el sol brillando, probé a colocar el equipo a unos 50 cm del poste con el objetivo 17-35 mm y el cable disparador. Un éxito: Las primeras veces utilizó el objetivo como posadero (por cierto que lo picoteaba y miraba su reflejo a través del filtro; ni siquiera los disparos a ráfagas le asustaban), le hice unas fotos desde el hide con el 400 mm y, en uno de los momentos que marchó en busca de más saltamontes para conquistar a su insaciable pareja, tuve que atar un manojo de plantas en vertical sobre el equipo, así le obligué a utilizar de nuevo el posadero y conseguí las fotos que deseaba.
A las pocas semanas anidaron en la zona al menos 7 machos (no pude comprobar el número de hembras y de nidos, algunos creo que con puestas de reposición) y, a pesar del control y el cuidado puesto durante la cosecha del cereal, sólo 6 pollos volaron de toda la colonia. Creo que los cuervos, muy abundantes en la zona, pudieron ser los culpables de las pérdidas de algunas primeras puestas y de la desaparición del resto de los huevos y de algunos pollos jóvenes.
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