Cualquier cosa puede suceder en la punta Norte
Continuando por la RP47 en dirección norte bordeamos una costa mágica que ha embrujado nuestros ojos y no permite que dejemos de mirarla, esperando con ilusión que alguna aleta nos inyecte un subidón de adrenalina.
Llegamos a la Reserva Faunística Provincial de Punta Norte y cerca del parking se ubica la casa del guardafauna, el centro de interpretación y museo y una vivienda para investigadores.
Antes de bajar del coche os aconsejo que tengáis el equipo a punto. En la misma zona del aparcamiento no será extraño encontrar un sinfín de pajarillos como la calandria patagónica (Mimus patagonicus), el chanchito bataraz (Phrygilus fruticeti) o la lechucita vizcachera (Athene cunicularia) y, tratándose de mamíferos, también tendréis la posibilidad, con un poco de paciencia, de que se os cruce algún zorro gris chico (Dusicyon gymnocercus griseus), los huidizos cuis chicos (Microcavia australis) o más de un peludo común (Chaetophractus villosus) merodeando por entre los coches interrogando a los visitantes sobre sus preferencias culinarias. Si llegáis a las horas en las que el sol esté más elevado os será de gran ayuda el polarizador para suavizar los contrastes del terreno.
Toda la península es rica en fósiles, y la punta Norte especialmente, por lo que los que seáis aficionados a la fotografía paleontológica encontraréis más de un motivo interesante.
Nos encontramos en una de las zonas con más posibilidades de observar más variedad de fauna. Las orillas que rodean la reserva son de las preferidas por los elefantes marinos y los lobos marinos de un pelo, con lo que las opciones de ver orcas se multiplican. Preguntad a los guardaparques y estad alerta. También existe la posibilidad de observar un pequeño asentamiento de cría del gaviotín sudamericano (Sterna hirundinacea).
Una muy buena opción es alojarse en una de sus estancias, como La Ernestina, y así poder vivir al máximo el especial ritmo patagónico. Con ellos podréis tener acceso a playas privadas con espectaculares colonias de pingüinos de Magallanes, loberías y preciosos rincones que de otra forma sería difícil acceder. Se trata de una gente con un gran respeto por el medio ambiente y notables conocimientos de los que podréis sacar el máximo partido a vuestras capacidades fotográficas.
En las loberías no es extraño observar a los petreles gigantes (Macronectes giganteus), sobrevolando las olas, y a las características palomas antárticas (Chionis alba), con su blanco plumaje paseando disimuladamente entre los lobos de más de dos metros.
La pista poco transitada que nos devuelve al istmo Carlos Ameghino hace que la soledad patagónica que nos ha ofrecido este enclave se vuelva bulliciosa con el desfile de tantos contrastes. No hemos de olvidar que estamos recorriendo uno de los pocos lugares del mundo que conserva intactas las características que hace más de 170 años fueron el asombro de Charles Darwin.
El viento nos sigue abofeteando como intentando decirnos que no estamos soñando y que esta realidad nos deja la sensación de haber visitado uno de los lugares naturales más espectaculares de nuestra vida.
Un vasto territorio, parco en vegetación. Rodeado por un mar que se diluye sutilmente en el azul de un cielo resquebrajado de nubes. Tres elementos que nunca más consideraremos desiertos.
MÁS INFORMACIÓN
Datos de interés
Ubicación geográfica: 42º 5’ de latitud sur y 64º de longitud oeste, en la provincia de Chubut, sobre el océano Atlántico.
Superficie: 4.000 km2 aproximadamente. De los 260 km totales de costa, 150 km están expuestos a las aguas de los golfos Nuevo y de San José, y los 110 km restantes dan a mar abierto.
Clima: Seco y con viento fuerte casi permanente, característico de las costas patagónicas. Lluvias ocasionales, sobre todo en otoño.
Temperatura: Inviernos muy fríos y veranos que en días soleados pueden superar los 30º. Marcado descenso térmico por la noche.
Época de avistamiento de animales: Aves todo el año; ballenas de junio a diciembre; pingüinos de septiembre a abril; delfines de diciembre a abril; elefantes y lobos marinos todo el año; orcas entre los meses de febrero y abril y de octubre a noviembre, con marea alta.
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