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Reportajes



Península Valdés

Lo que el viento nunca podrá llevarse

Preparados para fotografiar

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Lo ideal para obtener los mejores resultados, es levantarse con el alba y tratar de coger alguno de los primeros barcos. Es un consejo recurrente para realizar las mejores fotografías, pero también sé, por mi imantación innata a las sábanas, que es de los más difíciles de seguir. A los que, como a mí, las sábanas derroten a la voluntad, siempre nos quedará la puesta de sol. Con un poco de suerte y siempre confiando en la clemencia del tiempo, podremos disfrutar de un cielo enrojecido sobre la aleta de alguna ballena juguetona que se despide de nosotros en el recorrido de vuelta.
Un dato importante a tener en cuenta, como siempre que se trate de viajes en barco por mar, es vigilar la exposición del equipo fotográfico al salitre. No olvidéis protegerlo cuidadosamente y sacarlo justo en el momento antes de ir a utilizarlo.
Al tratarse de superficies de agua tan extensas, es difícil prever dónde va a saltar, o asomar la cola, la ballena. Personalmente me resultó muy cómodo trabajar con un zoom 80-200 mm bastante luminoso, por la versatilidad propia del zoom. Un teleconvertidor ayudará en el momento en el que los saltos se produzcan a mayor distancia.
En el tema de la exposición no creo que se os presenten excesivos problemas al tratarse de sujetos oscuros sobre un mar que tiende también a ser oscuro, pero siempre se os puede presentar algún reto.
Una vez nuestra cámara tenga los píxeles empachados de ballenas, será buen momento de desplazarnos unos 5 km hasta la lobería de Puerto Pirámides y así rellenar nuestra tarjeta digital con un poco más de variedad. Un lugar especial y accesible para que los lobos marinos de un pelo (Otaria flavescens) nos deleiten con sus crías durante la época de reproducción entre diciembre y marzo.
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A unos 12 km en dirección contraria encontraremos la punta Pardelas. Un rincón con un encanto especial tanto por su tranquilidad paisajística como por sus cristalinas aguas que, a quien sea aficionado a la fotografía submarina y gracias a su cercanía a la punta Delgada y a la punta Pirámides, podrá tener la oportunidad de encontrarse también con algún elefante marino (Mirounga leonina).

Hacia la punta Delgada

Según avanzamos por la ruta provincial 2 hacia el extremo sudeste de la península atravesaremos Salinas Grandes y Salina Chica, una oportunidad paisajística interesante que todavía puede resultarlo más si conseguimos cruzarnos con alguno de los abundantes grupos de guanacos (Lama guanicoe) que viven por la zona, e incluso algún choique o ñandú pequeño (Pterocnemia pennata). Más suerte hemos de tener para localizar alguna familia de maras patagónicas (Dolichotis patagonum) que crían cerca del faro de la punta Delgada. Como siempre, los mamíferos son difíciles de fotografiar, pero en este caso el cobijo que nos ofrece el coche jugará a nuestro favor. Una red de camuflaje junto con una rótula adaptada para poder ser apoyada en la ventanilla nos harán el trabajo más cómodo y también nos asegurarán mejores resultados.
La punta Delgada ofrece una multitud de actividades para los fotógrafos de la naturaleza. Coronada por un faro de unos 14 metros de altura de ladrillo, cuenta con un servicio de hostelería para unas 60 personas y un restaurante para más de 170, sin olvidarnos de una completa tienda de souvenirs donde podremos observar las postales de los rincones que más adelante podremos visitar, estudiando por adelantado el encuadre que corresponda más con nuestro estilo.
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Aparte de poder realizar un sinfín de actividades como paseos a caballo, rutas en todoterreno o visitas guiadas para observar la flora y fauna, la punta Delgada cuenta con uno de los apostaderos de elefantes marinos más importantes de Península Valdés, especialmente en la temporada de reproducción, que coincide con la primavera austral. Mientras accedemos de la meseta a la playa por una escalinata, no hemos de perder de vista la numerosa fauna ornitológica que ronda la zona, como el ostrero común (Haemantopus palliatus), el ostrero negro (Haemantopus ater), el cormorán de cuello negro (Phalacrocórax magellanicus) o la garza bruja (Nycticorax nycticorax), entre otras especies.
Con los elefantes marinos encontraremos otro reto. No se trata de animales excesivamente dinámicos ya que, con sus 3 metros las hembras y 6 metros y 3 toneladas los machos, cualquier intento de movimiento deviene una odisea. Aquí podríamos dedicarnos a componer intentando sintetizar al máximo las formas de sus cuerpos con las playas de cantos rodados, que curiosamente resultan sus favoritas. Si contamos con tiempo suficiente, sentémonos, observemos y así podremos captar momentos más íntimos, como crías jugueteando, machos adultos cortejando a las hembras e incluso jóvenes inmaduros practicando luchas rituales.
Los machos poseen harenes de hasta diez hembras reproduciéndose entre agosto y noviembre. Una vez terminado, no saldrán del mar para descansar hasta pasados ocho meses.

Hemos de intentar respetarlos al máximo y no molestarlos, ya que mientras están en la playa no se alimentan y no deben moverse demasiado, pues esto les generaría una gran pérdida de energía que no podrían recuperar con facilidad.
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