La nutria es uno de los seres más atrayentes para todos los que recorremos nuestros campos, bosques y dehesas con la cámara fotográfica a cuestas. ¿Quién de nosotros no ambiciona encontrarse con ella en algún momento? Pero... ¡Ay de ti si la ves! Te engancharás, querrás volver a verla una y otra vez. Sin embargo, no es tan fácil. Hubo un tiempo oscuro en que la caza, la contaminación del agua y la destrucción de su hábitat la hizo desaparecer de gran parte del territorio y todavía no hay tantas como a todos nos gustaría.
En Extremadura la población de nutrias tiene una salud envidiable y ha servido como vivero para la repoblación de otras zonas cuyas poblaciones desaparecieron por la caza, la contaminación y la destrucción de su hábitat.
Su sola presencia constituye un bioindicador de la calidad del agua y de la riqueza piscícola, por lo que los pescadores deportivos no tienen que temer a la nutria. Afortunadamente estas preciosas criaturas, vuelven a tener la oportunidad de ir recuperando su población, aunque despacio, muy despacio.
Es por esta razón que nuestra nutria, el mamífero carnívoro de la familia de los mustélidos que recibe técnicamente el nombre de nutria euroasiática (Lutra lutra), está incluida en la lista roja de la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) y clasificada como NT (casi amenazada). Por otra parte, aparece referenciada como de "interés especial" en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (categoría II) y clasificada por la Directiva de Hábitats, de aplicación a nivel comunitario, en el Anexo II y Anexo IV como “estrictamente protegida”.
Biología
La nutria es, tras el tejón, el mayor mustélido presente en Iberia. Las hembras pueden medir entre 95 y 110 cm, cola incluida, y pesar de 4’5 a 7 kg. Por su parte, los machos, más voluminosos, miden entre 105 y 120 cm, y pesan entre 6’5 y 10 kg.
Presenta costumbres acuáticas o semiacuáticas, por lo que ha sufrido adaptaciones para poder vivir en el agua, tales como una morfología hidrodinámica, gran capacidad natatoria y
de inmersión (mediante pies palmeados, larga cola achatada y pelaje aislante del agua; los ojos, oídos y orificios respiratorios están situados en la parte superior del cráneo, presentando largos pelos sensoriales, llamados vibrisas táctiles, en hocico y brazos), una dieta ictiófaga (completada con cangrejos de río, culebras de agua y sapos) y la capacidad de copular tanto dentro como fuera del agua. Poseen también dos rasgos que reconocemos inmediatamente como nuestros, la capacidad bípeda y una gran habilidad para manipular objetos con las manos. También tienen notables dotes de comunicación, con complejos repertorios de sonidos, y se les atribuye un elevado grado de psiquismo. Su vista no es demasiado aguda, pues ven mejor dentro que fuera del agua, mientras que su oído y su olfato están muy desarrollados.
Todas estas características y otras muchas que poco a poco vamos conociendo —con las nutrias nunca se deja de aprender— la convierten en esa interesante criatura que a todos nos apasiona y empuja —cada vez que el trabajo y las obligaciones nos lo permiten— a coger nuestras cámaras y demás bártulos, e intentar encontrarlas de nuevo, pues cada avistamiento es una constante mezcla de sorpresa y emoción.