En los zoológicos, el pingüinario es una de las zonas más visitadas. Los niños alborotan en las barandillas y aplastan su cara contra los cristales para verlos bucear desplazándose a toda velocidad. Pero, ¿quién no se ha sentido atraído como los niños por estas deliciosas aves y ha deseado fotografiarlas más allá de su encierro, en su medio natural? Sin embargo, esto es una tarea compleja, tanto porque requiere desplazarse al hemisferio austral como por la inaccesibilidad de muchas colonias y de las inclemencias del clima antártico. Se requiere, por tanto, decisión y una cuidada planificación.
Los que me conocen saben que cuando se trata de fotografiar aves marinas pierdo los papeles. Me da igual dónde tenga que ir, cuántos aviones y barcos haya que tomar o lo cutre de los sitos en los que deba dormir (y, creedme, ¡los hay muy, pero que muy, cutres!). Además, no hay ave marina más característica que un pingüino: tanto es así que ya ni se molestan en volar.
Empecemos por lo básico: ¿Qué es un pingüino?
Eso es fácil. Es un ave marina que ha perdido la capacidad de volar y que se desplaza por el mar usando sus alas modificadas como aletas. Por lo general son blancos por el pecho y negros por la espalda. Éste es el camuflaje típico de muchos animales marinos, pues les ayuda a pasar desapercibidos tanto vistos desde arriba (ya que su color oscuro se confunde con el fondo marino), como cuando son observados desde abajo (donde su color claro se confunde entre la luminosidad del cielo).
A pesar de su curioso y tierno aspecto o de su aparente torpeza en tierra, en su medio, el océano, los pingüinos son ágiles y temibles depredadores que causan estragos en los bancos de peces, calamares y krill. Se clasifican en la familia Spheniscidae, que consta de 18 especies distribuidas exclusivamente por el hemisferio sur, donde crían en amplias colonias situadas, por lo general, en remotas islas subantárticas. Se agrupan en los siguientes géneros:
Los pingüinos azules o Eudyptula abarcan dos especies que, como su nombre indica, son los de menor tamaño de todos y los que menos se parecen un pingüino clásico. Todos reconocemos a los pingüinos por su coloración blanca y negra con algún detalle de color (como patas o pico rojos, penachos o parches auditivos amarillos, etc.), son descarados y diurnos... Sin embargo, éste es pequeño, azul en vez de negro, nocturno y muy discreto.
El pingüino de ojo amarillo o Megaptydes antipodes, originario de Nueva Zelanda, se caracteriza por la coloración de su cabeza, dando la impresión de quedar subexpuesto en las fotos.
Los pingüinos grandes o Aptenodites (que en griego viene a ser algo así como el buceador incapaz de volar) es un grupo que incluye tan sólo dos especies, el pingüino rey y el emperador. Estos últimos son los más famosos, posiblemente los más llamativos y, también, algunos de los más difíciles de fotografiar por lo remoto de sus colonias.
Los pingüinos de cola de cepillo o Pygoscelis (del griego "cola" y "codo") forman un grupo que abarca tres especies: el barbijo, el juanito (o papúa) y el de Adelie. Estos curiosos animales son los más parecidos al prototipo de pingüino que todos imaginamos cuando oímos dicho término.
Los pingüinos de bandas o Spheniscus (del griego "con forma de cuña") abarcan cuatro especies: el africano, el de Magallanes, el de Humboldt y el de las Galápagos, siendo este último el más norteño de todos los pingüinos. Los Spheniscus son de climas más templados y los únicos que anidan en colonias continentales, por lo que son los más fáciles de observar.
Por último, los pingüinos crestados o Eudyptes son seis especies: saltarrocas (o de penacho), de los fiordos, de Snares, reales, crestados y macarrones. A todos se les distingue por un llamativo penacho amarillo sobre los ojos que varía según la especie.
Yo, entre amigos, prefiero llamarlos los pequeños, el subexpuesto, los estirados, los graciosos, los feos y los locos, respectivamente.