Sybex, 2005; 314 páginas, 25x20 cm, en rústica.
Idioma: Inglés.
Una de las clasificaciones posibles para poner orden en el maremágnum de libros sobre Photoshop es dividirlos en obras que pretenden englobar toda la fotografía digital, en manuales que substituyen a la guía del usuario del producto y en títulos enfocados al especialista. Los primeros, por tratar de abarcar temas, terminan por apretar poco, parafraseando al refrán, y pueden caer en simplezas como la de explicar la utilidad de un trípode y luego no tener espacio para profundizar en el manejo del programa. Los del segundo tipo se empeñan en enseñarnos a aplicar los efectos especiales más raros o las herramientas más esotéricas, con lo que de poco sirven al fotógrafo de la naturaleza que lo único que quiere es ajustar la imagen. Por último, los del tercer tipo pueden sernos de gran utilidad, siempre que ese especialista al que se dirigen comparta nuestros intereses y no se dedique todo el espacio a reproducir
pantallazos del programa.
La presente obra de Ellen Annon, fotógrafa de la naturaleza americana que imparte cursillos de Photoshop, y de Tim Grey, afamado especialista en este programa y autor de numerosos manuales, cae en este tercer grupo, con la ventaja de que ese público especialista, tal como indica el título, somos los fotógrafos de la naturaleza. Además, las ilustraciones cumplen perfectamente su función, equilibradas con el texto y reforzando las explicaciones, sin caer en el pecado de servir de mero lucimiento de los autores.
Lo que aporta este libro, frente a otras alternativas, es un enfoque totalmente dirigido a acompañar al fotógrafo en su ciclo de trabajo, desde la toma hasta el archivo de la foto final. Por tanto, no se trata simplemente de otro libro más sobre Photoshop cuyo diferencial sea el estar ilustrado con imágenes de la naturaleza en lugar de guapas modelos o edificios singulares, sino de plantear y ofrecer las soluciones posibles a los problemas con que nuestro colectivo se enfrenta cotidianamente.
Tan sólo el primer capítulo está dedicado brevemente a las técnicas fotográficas en el campo, pero no se pierde en consejos fotográficos generales —que ya conocemos o podemos encontrar en otras obras—, sino sólo en los específicos de la fotografía digital, como son la elección de tipo de fichero, la interpretación de los histogramas en la cámara, el balance de blancos en la toma, el modo de exponer óptimo, etc.
El último aspecto citado nos permite comenzar a ver cierto rasgo de obra colectiva en este libro. Con frecuencia encontraremos apartados escritos por otros autores que explican una técnica. Por ejemplo, en el caso que comentamos, Michael Reichmann describe el método de “exponer a la derecha”. En esta línea aparecen nombres como John Shaw, Arthur Morris y Joe McDonald, por citar algunos conocidos fotógrafos, porque los autores no dudan en ceder la palabra a quiénes consideran que pueden explicar mejor una técnica.
En el segundo capítulo se abarcan temas como la calibración, los ajustes por defecto y la descarga de imágenes, así como la visualización y la clasificación con Bridge (programa adjunto a Photoshop). El breve tercer capítulo explica las herramientas básicas del programa; por lo tanto, los ya iniciados pueden saltárselo. Con el cuarto capítulo se inicia el tratamiento de la imagen, donde los autores exponen su ciclo de trabajo. Hay que decir que no siempre están de acuerdo, pero es excelente ver que, cuando difieren, exponen la alternativa por la que opta cada uno y los motivos de su preferencia. Los siguientes capítulos continúan llevándonos de la mano ante los problemas del ajuste de la exposición y del color.
Con el capítulo séptimo se introducen en terrenos que pueden considerarse pantanosos. Hay técnicas de superposición de imágenes poco cuestionadas, como la confección de panorámicas o la de expansión del rango dinámico; pero otras, como aumentar con superposiciones la profundidad de campo o la elaboración de una imagen con elementos de varias tomas, pueden no considerarse éticas por todo el mundo. Los autores defienden la libertad creativa, pero, eso sí, manifestando siempre la técnica empleada. Para el octavo capítulo dejan las técnicas más efectistas, en el noveno se enfrentan con la salida impresa y el décimo se centra en la automatización de tareas.
Raramente se pierde uno en las explicaciones, ni los autores divagan inútilmente. Su escritura es directa, clara y amena. Los contenidos en su gran mayoría son totalmente prácticos e imprescindibles para el fotógrafo de la naturaleza, enseñándonos a perfilar nuestro propio ciclo de trabajo. Pero, además de valorar el contenido proporcionado por los autores, hay que resaltar que nos encontramos ante un excelente trabajo editorial, ya no sólo de diseño e impresión, sino también en la distribución y organización de contenidos, donde se ve la mano de una perfecta dirección y revisión editorial: Un verdadero trabajo en equipo.
La obra está en inglés, lo que evita al lector los tropezones que conllevan algunos buenos títulos que han sido lamentablemente traducidos al castellano, pero puede ser también una barrera idiomática para muchos.
AUTOR/ES