Ventajas e inconvenientes
Hay varios aspectos a considerar que hacen muy distinto el trabajar en pleno campo a trabajar en la ciudad. La principal diferencia es la gente que nos está viendo, pues no estamos solos. Lo primero que hay que hacer es intentar no molestar y pasar desapercibidos entre la gente. Es difícil cuando tenemos un equipo algo voluminoso y llamativo, pero es posible. La gente se suele interesar por lo que retratamos; si es una especie importante o en peligro a veces vale la pena hacernos el loco y decir que es una simple flor o “un bicho” que hemos encontrado, con el fin de conservar la especie. Por ejemplo, si estamos fotografiando aves y montamos un pequeño refugio con un bebedero hay que vigilar que no lo use otra persona con fines diferentes a los nuestros: pajareros que se dedican a enjaular aves o a disecarlas para luego venderlas.
En algunos sitios la suerte nos viene de cara, ya que los animales están muy acostumbrados a la gente y se dejarán acercar sin recelar mucho. En el Parc de Laberint, situado en el barrio barcelonés de Horta, es muy fácil retratar ardillas totalmente salvajes que bajan de la montaña de Collserola a comer restos de comida que deja la gente o que amablemente les da.
Es muy importante pasar siempre por los mismos sitios a la misma hora. Con el tiempo descubriremos que algunos animales tienen unas costumbres fijas que nos pueden ayudar a retratarlos. Con esta práctica también nos daremos cuenta de que mucha gente, sin necesidad de llevar cámara, se fija en los mismos motivos que nosotros. Es interesante entablar conversación con ellos ya que nos pueden ser de gran ayuda. Esta gente puede ser el guardia de un parque que al pasar todo el día allí sabe de sobras donde tienen la madriguera los conejos o a que hora suben las gaviotas del puerto a pescar al lago del parque. También los payeses con el tiempo nos contarán sus secretos: es interesante preguntarles cuándo riegan el campo, ya que entonces los animales (topos, serpientes…) se suben a los árboles y es más fácil retratarlos. Igual de interesante es saber cuando siegan la finca, ya que entonces muchos animales como los erizos quedan al descubierto y vienen multitud de aves —como las garcillas bueyeras— a alimentarse de los restos de las semillas e insectos que dejan al descubierto.
Relación del entorno humanizado con la naturaleza
Para acabar, me gustaría hacer un pequeño comentario sobre este tipo de sitios. A veces uno se encuentra con cosas un poco desagradables, pero hay que aprender a vivir con ellas a pesar de la rabia e impotencia que nos produzcan. Hay lugares como el cauce de un río y sus inmediaciones que, por su naturaleza, deberían ser lo más salvajes y solitarios posibles. No deberían estar construidos, sin embargo sí lo están; por ellos pasan importantes nudos de autopistas, se construyen apartamentos en terrenos que deberían corresponder a uso agrícola, o incluso canalizaciones enteras de tramos de río para que pueda pasar un tren de alta velocidad por donde antes pasaba el antiguo cauce original.
La foto-denuncia es también una buena manera de mostrar el entorno donde vive una parte muy importante de nuestra fauna y mostrar a su vez cómo ese entorno cada vez está más cargado de hormigón armado y de trampas mortales para los animales que allí tienen su casa. Es una pena, pero es así. Podemos estar muy orgullosos de fotografiar la naturaleza en estos sitios, no nos tiene que dar vergüenza. Todo lo contrario.
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