¿Qué fotografiar?
Sin duda alguna, lo que nos será más fácil y más agradecido a causa de la capacidad de abstracción es la macrofotografía, tanto si es de insectos como de flora. Nos tendremos que informar acerca de dónde crece esa planta de la cual se alimenta esa mariposa, o a qué hora da la buena luz en tal sitio, detalles que son muy importantes para tener garantía de éxito. El campo de la macrofotografía requiere algo de visión e imaginación, pero al final encontraremos sujetos en todas partes. A veces encontraremos arañas dentro de nuestra propia casa; antes de que la descubra un familiar e intente pisarla, tendremos la oportunidad de dedicarles una pequeña sesión de fotos (no necesariamente al aire libre, podemos montar un pequeño escenario en nuestra habitación con un poco de tierra y unas hojas). Lo mismo sucede con las hormigas y pulgones; están por todas partes pero normalmente se les hace muy poco caso. Seguramente cerca de nuestra casa habrá una pequeña plaza o un jardín donde haya una pequeña charca. Allí encontraremos un sinfín de motivos como pueden ser las ranas, las libélulas y, en general, insectos a los que les gusta o necesitan estar cerca del agua.
La fotografía de fauna en la ciudad puede parecer algo imposible, pero lo cierto es que nos llevaremos una buena sorpresa cuando empecemos a buscar. Hay infinidad de aves, mamíferos, reptiles y anfibios que están plenamente adaptados a la vida en los entornos más agresivos. Es más que interesante saber de su existencia en la zona por el seguimiento del rastro de estos animales —sobre todo de los nocturnos, como mochuelos, zorros o erizos— a través de sus huellas y señales o de sus deposiciones. Dependiendo del animal a fotografiar actuaremos de una forma o de otra, aunque lo más sencillo siempre es darnos cuenta de sus lugares y alimentos preferidos y tratar de atacar por ese punto.
Las golondrinas son una especie plenamente adaptada a nuestras edificaciones; incluso se podría decir que dependen de ellas para hacer su nido. Por otra parte, podemos encontrar multitud de paseriformes viviendo en nuestras calles. Yo he visto en plena Diagonal de Barcelona al simpático herrerillo capuchino, y al resto de la familia de herrerillos, lo que demuestra que dentro de la ciudad tenemos una gran variedad de avifauna. Cuando encontremos el lugar y la manera adecuada, podemos conseguir unos resultados completamente iguales que si estuviéramos en medio del monte a kilómetros del pueblo más cercano. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado con un animal atropellado en medio de una carretera transitada? Eso es un signo inequívoco de que hay vida: ya tenemos otra zona donde atacar. Hace poco un amigo que trabaja de noche me contaba cómo veía en un nudo de carreteras cada jornada a las 3 de la mañana una lechuza parada en un cartel de información del tráfico y que esperaba a que los coches atropellaran a algún animal para lanzarse a comerlo. En los ríos, sin duda, encontraremos la mayor cantidad de fauna, sobre todo de aves acuáticas que no tenemos en los otros sitios.
Respecto a la fotografía de paisaje, es bastante más difícil conseguir una toma en donde no salgan edificios y otras estructuras creadas por el hombre, pero si la orientamos de una manera muy particular podemos salir muy airosos en la mayoría de las situaciones. Lo que interesa es que no salgan elementos artificiales, como cables eléctricos, edificios o carreteras, y lo cierto es que es bastante difícil, pero todo es cuestión de cerrar el encuadre hasta quedarnos con pequeños detalles: una hoja caída, un pequeño torrente de agua, la corteza de un árbol o un reflejo. Un tema muy recurrente y a la vez muy interesante es retratar cielos: siempre hay algún lugar desde el cual tenemos la ciudad a nuestros pies y vemos las montañas de los alrededores; desde allí se pueden hacer magníficas tomas de las puestas de sol sin necesidad de salir de la ciudad.
Dependiendo de la época del año encontraremos más oportunidades de una temática o de otra. Es interesante planificar o, por lo menos, tener una idea de lo que queremos retratar. Por ejemplo, en primavera y verano nos encontraremos con infinidad de sujetos para practicar la fotografía macro. En invierno tendremos la ocasión perfecta para montar el comedero en nuestra terraza o jardín y de esta manera conseguir esa nueva especie de paseriforme que todavía no hemos retratado. El otoño es perfecto para la fotografía de paisaje dado que los árboles se desprenden de sus hojas y están en constante cambio. Las diferentes temáticas tienen cada una su época clave, sólo se trata de organizarse y ver qué es lo que tenemos disponible el día que salgamos a hacer fotos y de esta manera lo haremos con más posibilidades de éxito.