Los paraguas de los enanitos
Empezaremos con el tipo de setas más popular, aquellas que tienen pie, sombrero y en la parte inferior de éste, láminas (o tubos). En éstas residen unas células especiales denominadas basidios que son las que originan las esporas.
Cuando una espora madura es lanzada horizontalmente al espacio existente entre dos láminas con una considerable fuerza de aceleración (más de 25.000 veces la fuerza de la gravedad). La distancia entre las láminas es muy precisa, de manera que debe ser lo suficientemente grande para que las esporas, que llevan sustancias pegajosas, no se adhieran a la lámina adyacente y al mismo tiempo sea tan pequeña que impida la entrada de turbulencias de aire, que lanzarían las esporas, de igual forma, contra las láminas contiguas. El aire sólo debe empezar a realizar su trabajo cuando la espora ha caído por debajo del límite inferior del sombrero. El perfil de la lámina en forma de V también está cuidadosamente diseñado, de forma que las esporas que se desprenden de la parte superior no queden atrapadas en la banda inferior de su misma lámina.
Durante el desarrollo de la seta, el incremento de la longitud del pie tampoco es dejado al azar, de forma que éste alcanzará la altura adecuada para situar al sombrero, con sus láminas, fuera de cualquier obstáculo que entorpezca la caída de la espora e impida su dispersión por la acción del aire. Si debido a cualquier obstáculo o anomalía en el crecimiento del pie, éste no lograra una posición totalmente vertical, las láminas poseen capacidad para modificar su orientación y asegurarse una alineación perfectamente vertical.
Un alto para fotografiar
Antes de fotografiar nuestras setas deberíamos decidir cuál va a ser el propósito o finalidad de la misma: si ésta va a ser destinada a fines científicos o identificativos, o simplemente es el criterio artístico el que va a guiar nuestra acción. Aunque puede haber ocasiones en que la fotografía satisfaga ambos objetivos, la diferencia es clara. Si se trata de una fotografía descriptiva trataremos de captar el mayor número de información posible acerca de la morfología de la especie y de su hábitat. Para ello es normal que se fotografíen varios ejemplares juntos, si es posible en distintos estadios de madurez y en diferentes posiciones para observar claramente sus detalles; también es recomendable partir un ejemplar en dos para reflejar características internas —como el color de la carne— que muchas veces son imprescindibles para su correcta determinación. Si como es mi caso, es el criterio artístico el que nos guía, los detalles identificativos pierden importancia y en su lugar la composición, la combinación de formas y colores, las luces, el fondo y la búsqueda del momento y el lugar adecuado deberían ser lo más importante. Sin duda, el dominio de la técnica es imprescindible para construir una buena fotografía artística, pero sino le aportamos creatividad, atrevimiento, experimentación y nuestra personal percepción, no lograremos la fotografía que estamos buscando.
La seta de los escritores
Una especie muy común en los prados, bordes de caminos y zona ruderales es el Coprinus comatus. Ésta constituye un caso único, ya que su sombrero acampanado, cerrado y con láminas ascendentes prácticamente en posición vertical, hacen muy difícil la dispersión de las esporas si utiliza el mecanismo anteriormente descrito. Por lo tanto, esta especie se ha visto obligada a desarrollar un dispositivo personalizado y novedoso para su difusión. Las esporas situadas en la parte inferior de las láminas maduran primero y no tienen problemas para dispersarse.
Pero, ¿qué pasa con las situadas en la parte alta donde no existe salida al exterior? Sucede que a medida que la seta libera sus esporas, sus láminas tienen la particularidad de licuarse desapareciendo y dejando a la intemperie zonas que antes eran inaccesibles y que ahora ya pueden lanzar sus propias esporas. Al final del proceso no existirá nada más que el pie: el resto habrá desaparecido.
Este proceso es fácilmente comprobable en el campo, ya que si observamos un Coprinus veremos que éste desprende continuamente gotas de tinta —de buena calidad, por lo que fue empleada en otros tiempos para escribir— procedentes de su proceso de autodisolución, también conocido como delicuescencia.