Las setas, habitantes misteriosos de nuestros prados y bosques, siempre han ejercido una gran atracción en el ser humano viéndose envueltas en un halo de misterio que se ve acrecentado por su hábitat predilecto: los bosques húmedos y umbríos alejados de las zonas de explotación humana. Estos enigmáticos y misteriosos seres nunca pasan desapercibidos a pesar de su tamaño, generalmente muy pequeño. Unas veces son sus colores, otras sus extravagantes formas; incluso sus olores y sabores en ocasiones también llaman nuestra atención.
Sin duda, las historias que nos pueden contar los hongos son apasionantes y muchas de ellas sorprendentes. Una de las más asombrosas es la que los ha convertido en los colonizadores más eficientes de la naturaleza y en una de las principales razones de su éxito ecológico: su prodigiosa capacidad para producir y dispersar un descomunal número de minúsculas —pero a menudo altamente sofisticadas y especializadas— “semillas” denominadas esporas.
Las esporas son diminutas partículas, muy ligeras y parecidas a polvo, que se forman en las estructuras reproductoras de los hongos, las cuales todos nosotros conocemos por setas. Si una espora cae en un sitio adecuado, y siempre que los factores ambientales sean propicios, germina dando lugar a un micelio —cuerpo del hongo en forma de filamentos— que se extiende bajo tierra, ocupando con frecuencia amplísimas superficies subterráneas. De ellas surgen, cuando las condiciones de humedad y temperatura son favorables, otras setas que cuando maduren originarán nuevas esporas.
Las esporas se producen en cantidades inverosímiles a partir de células especializadas (basidios o ascas) que se sitúan en una parte de la seta denominada himenio, que normalmente tiene forma de láminas (como en los Coprinus), pero que también puede presentar otros aspectos, como tubos (tal es el caso en los Boletus), aguijones o espinas (como en los Hydnum). Por ejemplo, el profesor norteamericano Clyde M. Christensen comprobó que un solo ejemplar de Fomes fomentarius desprendió 350.000 esporas por segundo, día tras día durante seis meses. Una simple gota de lluvia que impacte con un Scleroderma citrinum maduro y entreabierto puede arrojar al exterior cientos de miles de esporas. El micólogo francés Roger Heim proporciona aún datos más increíbles acerca de la sobrada eficiencia de los hongos en la producción de esporas, y que van desde los 50 millones de esporas del Agaricus bisporus y 100 millones del Coprinus comatus, ambas cantidades por hora, a los 50.000 millones del Polyporus squamosus durante toda su vida Todas estas magnitudes culminan en los 100 billones en el caso de algún gasteromiceto, los populares pedos de lobo.
Creced y multiplicaos
Sin embargo, la producción masiva de esporas es sólo en parte responsable de la abundancia de hongos en nuestro entorno. Paralelamente deben existir mecanismos que puedan dispersarlas, en ocasiones a largas distancias. Los problemas de una eficiente dispersión han sido resueltos a través de diferentes procedimientos, desarrollando frecuentemente estructuras especializadas e ingeniosas estrategias.
El viento es el agente de dispersión habitualmente utilizado por la mayoría de los hongos. No obstante, las esporas también pueden ser transportadas por el agua e incluso utilizar insectos, animales o personas como vectores de propagación. Aunque simple, la eficiencia del transporte aéreo no debe ser subestimada. Como dato significativo diremos que el aire que respiramos puede llegar a contener mas de 100.000 esporas por metro cúbico. Imaginemos un rayo de luz que atraviesa una zona oscura de la habitación: Podemos ver en el halo de luz millones de partículas en suspensión; pues bien, considerando que las esporas son mucho más pequeñas y ligeras, nos podemos hacer a la idea del número de ellas que puede estar flotando en ese mismo espacio.
Centrándonos en el tema de la dispersión, me gustaría ilustrar con ejemplos concretos la variedad de estrategias utilizadas por las setas para sacar mayor partido a su capacidad de reproducción, aunque hay que tener en cuenta que es imposible recoger en este artículo todas las posibilidades que se pueden dar, y menos describirlas con todo el rigor que sería deseable.