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Reportajes



Fotografiando limícolas en Galicia

Por: 
Álvaro Fernández Polo

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La migración de las aves que se reproducen en el norte de Europa sigue varios corredores antes de alcanzar África. Uno de ellos es el que bordea la península Ibérica por la costa occidental, llenando las costas gallegas de aves limícolas que utilizan sus rías como posadas donde comer y dormir en cada etapa del viaje. Fotografiarlas en su medio supone varios retos, no siendo el menor de ellos la elevada densidad humana de la costa, viéndose así frecuentemente importunada la tarea del fotógrafo.
Llega septiembre. Las hordas de turistas que durante los dos pasados meses ocuparon las playas gallegas empiezan a retirarse. Sólo aquéllos de espíritu menos gregario, para los que el sol no es el elemento fundamental de sus ajetreadas vacaciones, alargarán aún algunos días su estancia en los arenales del noroeste peninsular. Pero otros visitantes van a adueñarse poco a poco de las riberas. Algunos, incluso, ya llevan varias semanas entre nosotros, sin que la mayoría de las veces sean objeto de atención por parte de nadie, ocupando los rincones más alejados del bullicio. Son correlimos, chorlitejos, zarapitos…Vuelve a ser la hora del ornitólogo, que, a distancia, sigue las evoluciones de estas aves con sus prismáticos o telescopio. Más discreto, aunque no tanto como él quisiera, otro personaje irrumpe en la escena. Es el fotógrafo naturalista que, para un observador ingenuo, parecería totalmente ajeno al bando que sestea confiado entre las algas que dejó la marea alta. Pero una observación más atenta nos permitirá descubrir que, con zorruno disimulo, redujo la distancia con las aves hasta unos pocos metros. Enseguida les apunta con su cámara y dispara. ¡Clic! ¡Clic! ¡Clic!... ¡Si hasta podríamos decir que ha disparado una ráfaga! Pero el bando levanta el vuelo, y —¡oh sorpresa!— no ha sufrido ninguna baja. El fotógrafo se relaja y revisa en la pantalla de su cámara —estamos en la era digital— el resultado de su acción. Dos fotos aparentemente buenas de siete disparos. No está mal. Ha comenzado la temporada de caza, incruenta y fotográfica, de aves limícolas.

Algo de ornitología

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Este grupo de aves constituye unos de los objetivos más interesantes para el fotógrafo naturalista, sobre todo —¡claro!— para los que vivimos habitualmente en la costa. Su variable colorido, su diversidad de formas o su conducta son un reclamo irresistible para todos aquéllos que nos dedicamos, sea de forma profesional o como simples aficionados, a la fotografía de la naturaleza. Incluidas en el orden de los Charadriiformes, junto con álcidos, charranes, gaviotas y págalos, el término que las define se deriva de su preferencia por todo tipo de hábitats limosos, sean costas, lagunas, ciénagas, etc. Su tamaño no pasa de mediano en las especies de mayor porte, y sus patas y picos son generalmente largos, aunque algunas familias no se ajustan a esta regla. El color de su plumaje presenta una enorme variación, no sólo entre las diferentes especies, sino también, en muchas de ellas, según la época del año, con un colorido muy abigarrado en el período nupcial y más discreto, con tonos generalmente grises, en invierno, pasando naturalmente por fases intermedias que son un quebradero de cabeza para los observadores noveles. Para complicar más la situación, algunas especies presentan también una coloración diferente en su período de inmadurez.
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Las áreas de cría de muchas de las especies de limícolas se extienden por zonas árticas o subárticas, pero abandonarán sus territorios norteños al finalizar la época de cría, dirigiéndose al sur para pasar el invierno en latitudes más benignas, dando lugar a uno de los fenómenos más espectaculares del mundo animal: la migración. Rematado el período reproductor, en el que cada pareja ocupa un territorio más o menos amplio, su conducta sufre un cambio radical y las aves se hacen gregarias, formando en ocasiones bandos de miles de individuos que enseguida iniciarán un periplo que, entre otros lugares, los acercará hasta la península Ibérica. Algunos harán de nuestras costas estación de reposo invernal, mientras que otros, después de reponer fuerzas durante algunos días, seguirán camino hasta latitudes más meridionales en África.
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