La meseta cruzada por el río Colorado se formó hace aproximadamente 5 millones de años por la elevación de un antiguo lecho marino, compuesto de roca arenisca principalmente, debido a la colisión de las placas tectónicas del Pacífico y Norteamérica. Alcanza casi los 3.000 m de altitud en algunas zonas del Gran Cañón y está dominada por un clima de extrema aridez, lo cual ha limitado de forma notable la aparición de cubierta vegetal y, de paso, la ha convertido en el paraíso de la erosión en la confluencia de los estados de Nevada, Utah, Arizona y Nuevo México, en el suroeste de los Estados Unidos.
El especial interés geológico y paisajístico del área la ha convertido en una acumulación notable de parques nacionales: Grand Canyon, Zion, Bryce Canyon, Capitol Reef, Canyonlands o Arches y, unido a ellos, zonas de gran valor fotográfico como el Grand Staircaise National Monument, el Monument Valley, los Coyote Buttes y, por supuesto, el Antelope Canyon.
Sin embargo, la altitud y las extremas condiciones de aridez han limitado en gran medida la aparición de vida animal y de flora. En cuanto a los primeros, sólo resisten pequeñas ardillas terrestres, liebres, córvidos y, sobre todo, reptiles, entre los que se destaca la serpiente de cascabel, sin duda alguna. En cuanto a la cubierta vegetal, predominan los arbustos, alguna especie de pino, los enebros y varias especies de cactus, que florecen de forma esporádica. Como se comprenderá, esto va a limitar de forma notoria la fotografía de fauna y de flora en este enclave de los Estados Unidos, que me temo que habrá que dejar para otros enclaves más al norte, como Yellowstone.
En efecto, lo que inspira e impresiona es la diversidad del paisaje y unos espacios infinitos solitarios, en un territorio que han ido esculpiendo a lo largo de los milenios el agua de los ríos, la nieve, el viento, la lluvia de las tormentas de verano... Esos elementos son los responsables de los lugares que presenciaremos, y sólo entendiendo su forma de transformar el paisaje seremos capaces de transmitir la esencia de aquéllos, y no caer en la tentación de copiar fotografías de otros. El ejemplo más evidente de este concepto es un lugar que afortunadamente hoy es muy accesible, el Lower Antelope Canyon, que nos permitirá transportarnos más allá de la fotografía convencional, teniendo composiciones al alcance a cada paso, cada curva, cada nueva línea marcada por el paso del agua.
Organizando el viaje
La duración óptima de la estancia en la zona es de al menos dos semanas, teniendo como lugar de inicio Las Vegas (en el estado de Nevada) o Salt Lake City (en Utah), siendo fácil encontrar vuelos desde España que hacen conexión con esas ciudades ya en los Estados Unidos.
Una vez allí lo mejor es alquilar un automóvil (si es todoterreno mejor) que nos permita movernos por el territorio con independencia, con la finalidad de encontrar siempre la luz óptima para fotografiar, y teniendo en cuenta que en este vasto territorio existen todavía lugares muy interesantes fuera de los circuitos turísticos que solamente son accesibles mediante vehículos todoterreno.
El recorrido puede hacerse de diversas formas. Nosotros lo realizamos siguiendo el sentido contrario a las agujas del reloj, comenzando por el Gran Cañón y terminando en el Parque Nacional Zion. En este sentido es importante resaltar que el alojamiento en moteles y en las zonas de acampada de los parques es sencillo y a precios razonables, siendo aconsejable para evitar problemas en los meses de mayor afluencia de visitantes llevar desde España una tienda de campaña ligera, a incluir en el equipaje principal.
La totalidad de los parques requiere el pago de una tasa que es válida para un número de días, si bien lo más adecuado es obtener el anual pass que da derecho a entrar a un vehículo y a todos sus ocupantes durante un período de un año pagando 50 dólares americanos. Esto nos permitirá una flexibilidad muy grande a la hora de entrar o salir de los mismos.
Otro aspecto fundamental, debido a la sequedad del ambiente y para prevenir deshidrataciones, es el de transportar tanto en la mochila personal como en el vehículo suficiente cantidad de agua para beber en torno a tres litros diarios por persona, así como alimento y combustible para algunas zonas en las que es imposible encontrar lugares para aprovisionarse, como el interior del Grand Staircaise-Escalante National Monument y el sector sur del Parque Nacional Canyonlands.
Por último, y en mi opinión la mejor época para realizar el viaje es la primavera, tanto por la luz óptima para fotografiar como por las condiciones climatológicas, sobre todo las temperaturas, que son extremas en los meses de verano y hacen difícil explorar el área de forma cómoda.