La etnia guaraní, que habitó todo el noreste argentino, llamó en su lengua “I” (agua) y “Berá” (brillo, brillante), a todo el sistema de canales, lagunas, bañados y esteros que ocupan el centro de la provincia de Corrientes, en el nordeste argentino. Estos humedales ocupan 13.000 km2 de praderas flotantes y están entre los más importantes de América. Entre 1.000 y 1.500 mm anuales de lluvias mantienen la región permanentemente inundada.
Esta gran superficie está formada por extensiones secas que los lugareños llaman “embalsados” y constituidas por un colchón de vegetación flotante de 50 cm de espesor, o incluso hasta 1 metro, y que funciona como un colchón de agua.
En los embalsados e islas de tierra firme hay montes de laurel, timbó, lapacho, tala y ceibo. Hay que tener mucho cuidado si uno camina por estas zonas (no es aconsejable sin la compañía de un guía) dado que existen algunos ojos de agua de vegetación muy fina, donde una caída puede ser muy peligrosa, teniendo en cuenta que debajo hay fuertes corrientes.
El humedal comenzó a formarse en el Terciario Superior, cuando el río Paraná corría libremente por el centro de la provincia. Más tarde el terreno se elevó, tomando el río su ubicación actual y dejando una gran pradera inundada.
Para su custodia se creó un grupo de guardafaunas formado por los antiguos cazadores de la zona (llamados “mariscadores”), conocedores de todos los recovecos y artimañas de caza. Hoy la Reserva aún no tiene reglamentadas cuestiones tales como la cilindrada de los motores de las lanchas turísticas, horarios y lugares de visita, capacitación de los guías y otras, que hacen al cuidado del ámbito y que son urgentes para su mantenimiento. La reserva tiene 285 especies de aves, 26 de mamíferos, 16 de reptiles, 64 de peces y 200 de plantas, más una cantidad desconocida de especies aún no enumeradas.