La reserva ocupa una franja costera de gran belleza, sin construcciones humanas a la vista excepto en su límite oriental, donde se encuentra el tranquilo pueblo marinero de La Restinga. Es una costa abrupta formada por acantilados bajos, que tan solo se vuelve más llana en la zona de Puerto Naos –dentro de la reserva integral– y en la cala de Tacorón, además de en el propio pueblo. Los fondos marinos son igualmente abruptos, tal y como sucede en el resto de la isla, con fuertes pendientes surcadas de barrancos y grandes bloques volcánicos. Solo frente a la punta de Los Saltos encontramos una zona con algo más de plataforma, siendo precisamente aquí donde se alza El Bajón, un impresionante montículo submarino situado a unos 500 metros de la costa y que asciende desde un fondo de más de 70 metros hasta tan solo 7 de la superficie, constituyendo uno de los puntos de buceo más famosos de toda Canarias. Los fondos de la zona de reserva integral incluyen una zona llana y abrigada –en la cala de Puerto Naos– junto a otra con paredes y cuevas más expuesta a la dinámica marina –en la Punta de los Frailes– siendo precisamente esta configuración, junto al hecho de hallarse en uno de los sectores más productivos del Mar de las Calmas, la que motivó su elección como núcleo de vital importancia en la reserva.
Un vergel submarino
Hay tanta vida en los fondos del Mar de las Calmas que a veces da la sensación de que son una ventana abierta al pasado, a través de la que podemos contemplar las costas del Archipiélago Canario tal y como debieron ser en otros tiempos, antes de que la presión humana redujera algunas zonas a desiertos volcánicos plagados de erizos. En Las Calmas, las algas cubren casi por completo la roca volcánica hasta profundidades superiores a los 50 metros en muchas zonas, favorecidas por la claridad de las aguas y la escasez del erizo de lima (Diadema antillarum) y del erizo cachero (Arbacia lixula). Estos invertebrados herbívoros –principalmente el erizo de lima– constituyen en las demás islas una plaga que ha ido eliminando lentamente la cobertura algal de los fondos rocosos, pero que afortunadamente en el Mar de las Calmas presentan poblaciones reducidas, quizás debido a la abundancia de sus predadores naturales. Sobre este manto vivo podemos observar una gran diversidad de especies de peces e invertebrados, tanto los más habituales en el resto de las islas como un buen número de especies de afinidad tropical. Es el caso de peces como el pez trompeta (Aulostomus strigosus) –común en las islas occidentales y muy abundante en la reserva– o el gallo azul (Aluterus scriptus), el gallo aplomado (Canthidermis sufflamen), el tamboril espinoso (Chilomycterus atringa), la morena amarilla (Gymnothorax miliaris) y la langosta herreña (Panulirus echinatus) que solo son frecuentes en El Hierro. El Mar de las Calmas es además un lugar de encuentros imprevistos y en él se han observado animales muy poco habituales en Canarias, entre ellos varias especies de carángidos tropicales (Caranx latus, Carans crisos y Caranx lugubris) e incluso algunos ejemplares de tarpón (Megalops atlanticus), un poderoso predador de aguas caribeñas.
La presencia ocasional de grandes animales pelágicos ha contribuido a aumentar la fama que el Mar de las Calmas está adquiriendo entre los fotógrafos submarinos de toda Europa; la visita de las grandes maromas o mantas (Mobula mobular) es una constante durante la primavera y el verano, existiendo además la posibilidad de contemplar algún rorcual si nos alejamos de la costa. También otros cetáceos más comunes y de menor tamaño visitan las aguas de la reserva: varias especies de delfines (sobre todo Tursiops truncatus) y calderones (Globicephala macrorhynchus) son avistados frecuentemente, aunque al parecer no forman colonias estables como las existentes en el SO de Tenerife.