En pocos lugares de la geografía costera de nuestro país es posible encontrar un número tan elevado de singularidades como en el Mar de las Calmas, en la isla de El Hierro. De hecho, esta pequeña isla del Archipiélago Canario ya es agradablemente singular en sí misma, gracias a unas condiciones ambientales y sociales que han permitido el mantenimiento de su ecosistema marino en buen estado hasta nuestros días. El número de habitantes de la isla –unos 8.000 en la actualidad– se ha mantenido relativamente estable durante este siglo, al contrario de lo sucedido en las demás islas del archipiélago que han experimentado un importante crecimiento de su población y de la afluencia turística. Esta estabilidad poblacional y el hecho de no haber conocido el turismo masivo, han representado un menor impacto sobre el mar que rodea la isla, contribuyendo a preservar un medio natural de gran interés paisajístico y biológico, con una notable diversidad y en el que están presentes numerosas especies de carácter tropical.
Unas condiciones ideales
El Mar de las Calmas, situado al SO de la isla, presenta a su vez características propias que lo diferencian del resto de las costas de la isla: está protegido de la corriente fría de Canarias y de los vientos dominantes –los alisios provenientes del NE– por el alto perfil de la isla, conformando una gran zona de aguas tranquilas, con temperaturas más cálidas que su entorno y de una impresionante transparencia. Una zona que hace honor al nombre con que la bautizaron, como comprueba el visitante recién llegado si se detiene a observar el panorama desde la zona alta de El Julan cualquier día despejado.
Con la intención de preservar este incomparable marco ecológico, al mismo tiempo que gestionar y garantizar los recursos pesqueros disponibles en la zona, se crea a principios del año 1996 la Reserva Marina del Mar de las Calmas. La reserva abarca una superficie de 7,46 km2, con un perímetro de 21,037 km y, siguiendo las tendencias actuales para la gestión de reservas marinas, se ha dividido en varios sectores con el objeto de garantizar una adecuada protección del núcleo de la reserva. Dicho núcleo está formado por una zona de reserva integral, en la que se prohibe cualquier actividad extractiva –excepto la pesca profesional de túnidos– y las actividades subacuáticas de cualquier tipo. Este sector de la reserva servirá como importante zona de investigación biológica, ya que a través de un seguimiento periódico se podrán obtener datos que, al proceder de una zona aislada de la interacción humana, ayudarán a comprender mejor el funcionamiento del ecosistema marino de la isla y por tanto a determinar las acciones necesarias para su adecuada gestión. Otra finalidad fundamental de la reserva integral es la de preservar una importante población de adultos reproductores, creando así una zona de cría que compense la pesca que sufren las especies litorales en los sectores adyacentes. De esta forma se espera poder garantizar la estabilidad de unos recursos pesqueros de gran importancia económica para la cercana población de La Restinga, siempre y cuando su explotación se realice de forma racional.
A ambos lados de la reserva integral se han creado dos zonas de usos restringidos o amortiguamiento, en las que se permite el buceo deportivo y la pesca profesional “a liña” –pesca de fondo con sedal y solo unos pocos anzuelos– y la de túnidos. Se pretende que estas zonas sirvan para amortiguar la presión que la pesca pueda ejercer sobre los bordes de la reserva integral, al limitar la clase de artes pesqueros permitidos. Fuera de los sectores de reserva integral y usos restringidos y hasta llegar a los límites de la reserva, se autoriza el uso de los artes tradicionales de pesca profesional, así como la pesca de recreo a caña desde tierra.