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The Last Place on Earth y Mike Fay’s Megatransect Journals

de Michael Nichols y J. Michael Fay
Por: 
Fernando Bandín

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National Geographic, 2005; ambos en cartoné. 344 páginas, 159 fotografías en color, 39x28 cm el primero y 144 páginas, 105 fotografías en blanco y negro, 28x22 cm el segundo.
Idioma: Inglés.


A todos los seguidores de National Geographic se les hará conocida la iniciativa de Mike Fay bautizada como Megatransect, pues apareció publicado en sus páginas un extenso reportaje dedicado a ella dividido en tres capítulos. En una aventura de tal calibre —recorrer a pie 3.219 kilómetros a través de jungla ecuatorial africana con objeto de tomar buena nota de todas las especies presentes y su abundancia, de modo que se pueda monitorizar la evolución del impacto humano—, no podía faltar un fotógrafo que diera la talla. Realmente Nick Nichols, con su personal estilo, lo estuvo.

Ahora aparecen publicadas aquellas imágenes en forma de edición lujosa. Ya lo anuncia la caja de cuidado diseño, en la que se embalan los dos volúmenes que la componen. Por una parte, nos encontramos un enorme libro titulado The Last Place on Earth con una antología en color de las célebres imágenes de Nichols y, por otra, con el ejemplar —ya de tamaño convencional— de Megatransect. Mike Fay’s Journals. En este último aparecen las fotografías que tomó Nichols en blanco y negro de los protagonistas de la expedición. No se trata, tal como podría inducir a pensar el título, en un facsímil o trascripción de los diarios de Fay, pues tan sólo se incluyen algunos extractos, sino del diario fotográfico que Nichols realizó con un estilo claramente fotoperiodístico.

El texto de los diarios es breve. No se trata de una obra zoológica, sino de poner al lector en la tesitura de los componentes de la expedición. Las condiciones fueron durísimas, imprevisibles, con sinsabores y riesgos, siendo permanente la preocupación por la integridad de los componentes; sujetos a la inclemencia del tiempo y de los insectos, se produjeron casos de enfermedad grave. También dio lugar a momentos para la alegría y las risas, a la felicidad de culminar el proyecto con un baño en las aguas atlánticas tras 456 días de viaje. Para el contacto con personalidades como Omar Bongo, presidente de Gabón, Colin Powell o Jane Goodall.

La colección de láminas que componen el volumen principal, fruto de la docena de años de colaboración entre ambos autores, nos muestra una fauna fugitiva, feroz y esquiva. Los animales e indígenas se hayan perdidos en lo intrincado de la jungla, al margen del tiempo. Paralelamente a los humanos que cazan con arco y flechas, permaneciendo fieles a su forma de vida y tradiciones, otros avanzan en la adopción de nuevos hábitos entre los que no falta la tala de bosques, la minería y el furtivismo que provee de bush meat los mercados. Se deja a las imágenes hablar por sí solas, pues apenas presenta texto —un epílogo de Mike Fay y breves pies en el índice de fotos— y carece de anotaciones fotográficas.

”Mi trabajo es mirar íntimamente a las cosas”, afirma el fotógrafo. Lo cierto es que lo cerrado de la selva obligó a Nichols a abandonar frecuentemente los grandes teleobjetivos en favor de las longitudes focales más cortas, dada la imposibilidad de utilizar los primeros a causa de la maraña vegetal, viéndose forzado a acercarse mucho a los sujetos. Así logra transmitir al lector una sensación de proximidad. No compone imágenes bonitas, limpias; a Nichols le interesa más el dinamismo y la energía, la espontaneidad de las cosas que suceden.

Frente a los amplios y luminosos espacios de las sabanas del este africano, la jungla ecuatorial es intrincada, marcada por la penumbra y la bruma. Algunas especies son totalmente distintas, como Loxodonta cyclotis, un elefante de selva pequeño y furtivo, especie por la que el autor parece sentir cierta predilección. Los tímidos gorilas de costa son otro de los protagonistas, así como curiosos chimpancés que no han tenido jamás contacto con el ser humano. Animales que demuestran cómo el permanecer en un lugar tan remoto, no hollado por el hombre, los mantiene inocentes ante su contacto. Para Stephen Bonadies, vicedirector del Museo de Arte de Cincinnati, el conjunto de la obra “documenta el emocionante proceso de descubrimiento, y prueba que todavía hay maravillas por ser encontradas”.

La única pega de esta obra es el precio, aunque si pensamos que los beneficios de esta edición serán destinados a fondos para la conservación de la cuenca del Congo y del África ecuatorial, gestionados por Wildlife Conservation Society y National Geographic Society, quizás nos parezca bien empleado el dinero. “Estoy totalmente empeñado en que mis fotos tengan algo que ver con la creación de parques nacionales, que puedan hablar por las cosas que no pueden hacerlo por sí mismas”, nos dice. De momento, los descubrimientos de la expedición lograron que el gobierno de Gabón declarara trece nuevas reservas naturales. Esperemos que los beneficios de esta magnífica edición abunden en esa línea.




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