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Técnica



La gestión del color I

La gestión del color

No hay dos personas que vean los colores exactamente iguales. Unos podemos percibirlos con más saturación que otros o, incluso, las tonalidades pueden ser distintas. Los daltónicos los ven menos saturados, y en los casos más graves de daltonismo se aprecia sólo la gama de grises. Si prestamos mucha atención, podremos observar que incluso nuestros dos ojos ven los colores ligeramente distintos.
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A los equipos informáticos les sucede lo mismo. No hay dos monitores que presenten los colores de la misma forma. Ni dos impresoras que los impriman exactamente iguales, ni dos cámaras que capten exactamente los mismos tonos.
Si esto sucede con equipos iguales, producidos por el mismo fabricante y que utilizan procesos informáticos exactamente iguales, ¿qué sucederá cuando comparemos los resultados obtenidos por dispositivos de distintos fabricantes? ¿Y si los dispositivos son distintos?
Todos hemos tenido grandes decepciones al imprimir imágenes que veíamos preciosas en el monitor de nuestro ordenador. O salían más apagadas o contrastadas en exceso, y los colores, habitualmente, no se parecen en nada. Los verdes son verdes y los azules, azules. Pero sus tonalidades y su saturación son completamente distintas.
¿Cómo podemos superar esta barrera física que parece insalvable? Con una gestión adecuada del color. Evidentemente, hay diferencias inevitables. Una copia impresa nunca brillará como una imagen en pantalla, que tiene luz propia, de la misma forma que una copia en papel fotográfico nunca tendrá la fuerza de una diapositiva. Estas son diferencias propias de los medios físicos que escogemos para presentar nuestras imágenes. Pero una correcta gestión del color nos proporcionará la máxima coherencia posible con los medios actuales.
¿En qué se basa esta gestión del color? ¿Cómo podemos vencer las limitaciones físicas de los dispositivos con los que debemos trabajar? La respuesta a esas preguntas es más sencilla de lo que parece y todo se apoya en dos ideas ingeniosas: la creación de un sistema estándar y la aplicación de perfiles. Veámoslo con más atención.
De todos los modos de color que hemos visto anteriormente, RGB, CMYK y Lab, era este último el que permitía codificar un mayor número de colores distintos. Si representamos los tres sistemas en un solo gráfico para ello debemos usar el que representa la gama más amplia, o sea, el sistema Lab veremos claramente que dentro de éste se inscriben absolutamente todos los colores que los otros dos sistemas permiten. En cambio, hay colores que están presentes en RGB pero que quedan fuera de CMYK y viceversa.
Esto nos induce a pensar que Lab es el estándar que necesitamos. Siempre que cambiemos de cualquier modo de color a Lab, tenemos la seguridad que no vamos a perder absolutamente nada. No es así en los otros casos. Solamente observando el gráfico anterior, vemos claramente que CMYK no puede representar ninguno de los tonos puros rojo, verde o azul que están perfectamente incluidos dentro de RGB. Y a la inversa, en RGB nunca podremos representar un cian tan perfecto como el que nos proporciona CMYK. Todos, sin embargo, están incluidos dentro de Lab.
Así pues, ya tenemos uno de los puntales de la gestión del color: Lab, que como ya hemos visto anteriormente es sólo un sistema teórico de codificación del color. El otro puntal son los perfiles.
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