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Reportajes



Abejarucos

Aladas paletas de colores

Ante todo, precaución

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No me canso de repetir que, ante las más mínimas señales de recelo por parte de la pareja frente a cualquiera de los cacharros que hemos colocado alrededor del nido, abandonemos la sesión fotográfica. La experiencia en este tipo de trabajos me dice que, aunque existen unas especies más desconfiadas que otras, hay que fijarse mucho también en el individuo en cuestión. He fotografiado abejarucos desde el coche a escasos tres metros sin ningún tipo de camuflaje, mientras que otros eran sumamente recelosos con los más elaborados y camuflados hides. Muchas veces depende de la situación de los nidos y su cercanía al hombre. Los he visto criar en el suelo de un parking de playa rodeados de coches y domingueros, y teniendo que esquivar a las sombrillas de los turistas para entrar en los nidos.
La colocación de simulacros de flashes y trípodes ayuda a estas aves a familiarizarse con estos extraños apéndices que han crecido en las cercanías del nido. Podemos utilizar viejas cajas de diapositiva para simular flashes y unos listones de madera como falso trípode. Todo este montaje será sustituido por nuestro equipo fotográfico cuando comencemos la sesión.
Los objetivos a utilizar van desde angulares que muestran al ave y su entorno, hasta teles medios con los que pretendemos plasmar únicamente el vuelo del ave. La posición de los flashes que iluminan la escena ha de ser estudiada con detenimiento. Nunca colocarlos cercanos a la cámara o sobre ella, ya que la imagen resultante carecerá de volumen y corremos el riesgo de que aparezca la sombra del animal en el fotograma.
Varios son los esquemas de luz que podemos ensayar dependiendo de la colocación de las unidades de luz. Por supuesto, no debemos olvidarnos nunca de los fondos. Un posible esquema podría estar compuesto de tres flashes: Dos de ellos iluminarían al ave, colocándolos de forma cenital sobre el sujeto; el que ilumina por detrás, a la contra, se puede situar más cerca del ave, creando la sensación de volumen; el tercero estará colocado tan sólo para iluminar el fondo de la escena. Ni que decir tiene que este tipo de trabajos se desarrollan en ausencia de luz solar directa sobre la escena. Para disminuir la duración del destello de los flashes, trabajaremos a 1/16 de su potencia máxima, lo que nos dará un destello aproximado de 1/8.000 sg (dependiendo del tipo y marca del flash). Así, con diafragmas en torno a f/11, una sensibilidad baja y sincronizando a 1/250 sg, será el destello del flash el que marque la velocidad real de congelación del fotograma. La presencia del sol crearía una doble exposición del ave en la foto.

Captando su vuelo

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Un elemento que suele usarse en este tipo de fotografía son las barreras de infrarrojos. Las hay de muchos tipos y marcas. Las más utilizadas son las llamadas de rebote directo. Sólo constan de emisor, no de una pareja emisor-receptor. Es el mismo emisor, conectado a la cámara, el encargado de realizar la obturación al detectar el rebote de la señal cuando el animal cruza por delante del haz de infrarrojos. El uso de estos dispositivos es algo complejo si no se está familiarizado con ellos. Existe siempre un leve retardo desde que el ave corta el haz hasta que se captura la foto. Hay cámaras en las que este retardo es bastante alto y hay que situar la barrera en una posición más retrasada e, incluso, fuera del propio encuadre del fotograma. Todo depende de la velocidad del ave a retratar. La versatilidad que nos proporcionan las cámaras digitales al poder comprobar los errores in situ representa una gran ventaja frente a los trabajos que realizábamos con los costosos carretes de diapositivas. Por aquel entonces había que esperar uno o dos días para recoger los resultados y rezabas para tener a foco y encuadrada una foto de cada cien.
Otra opción menos compleja es el uso del cable disparador electrónico o por radio. Puede parecer menos preciso, pero los abejarucos tampoco son excesivamente rápidos en sus aproximaciones, a lo que se suma que hoy en día no tenemos que tirar a la basura cientos de carísimas diapositivas, sino llenar tarjetas y discos con el mismo coste disparando 10 que 10.000 fotos. Otra cosa sería tener que fotografiar aves nocturnas, insectos en vuelo o murciélagos saliendo de una cueva.
Un día sin darnos cuenta, los pollos abandonan el nido. El verano está avanzado y padres e hijos pronto tomarán rumbo al estrecho de Gibraltar para abandonarnos un año más, dejando los campos españoles con su paleta de colores un poco más empobrecida.
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