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Técnica



Fotografiando orquídeas

Tras el encuentro, el problema de su pequeño tamaño

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El error más habitual en estos casos, y sin dejar de ser algo inevitable dada la emoción del momento, suele ser abalanzarse sobre la planta, arrodillado y cámara en mano para intentar retratar nuestro hallazgo. No es raro darse cuenta luego, en casa, de que nuestras imágenes no hacen justicia a la flor que hemos visto en el campo.

Mi consejo una vez que encontramos una especie de orquídea en un determinado sitio es siempre el mismo, buscar más alrededor. Siempre —o casi siempre— las habrá. De este modo, tras una minuciosa búsqueda, podremos elegir el ejemplar a fotografiar valorando multitud de aspectos que influirán en gran medida en el resultado final: estado de floración (puede ser que la primera que encontramos estuviese un poco pasada o tuviese algunas de sus flores aún por abrir), integridad física (si aún no se las conoce es fácil ponerse a fotografiar un ejemplar parcialmente comido por algún insecto), porte de la planta y fondo en el que se encuentra (siempre es más cómodo y suelen salir unos fondos más limpios en ejemplares de mayor porte, al estar éste a una mayor distancia), tipo y cantidad de luz que le da en ese momento, disposición de las flores de cara a encontrar una buena composición, etc.
La siguiente recomendación, una vez encontrado el ejemplar idóneo a nuestros requerimientos, sería el de armarse de paciencia. Suelo decir a modo de broma que aquel al que no le duele la espalda, el cuello y las rodillas tras fotografiar una orquídea es que no le ha dedicado el tiempo suficiente. Luego, todo lo demás es adquirir una serie de conocimientos básicos y dedicarle su tiempo hasta desarrollar una técnica y una mecánica que nos satisfaga.

Lo que se precisa y cómo se utiliza

El único requerimiento en cuanto a equipo que considero necesario para este tipo de fotografía sería el de tener un sistema que nos permita unas relaciones de reproducción (ratio) cercanas a 1:1 (tamaño real). ¿Quiere esto decir que necesitaremos obligatoriamente un objetivo macro? No necesariamente. Algunas cámaras compactas digitales permiten ya de por sí unas ratios considerables. Con las cámaras réflex (digitales o analógicas), independientemente de que se posea un objetivo macro especifico como tal, podemos usar diversos accesorios —mucho más económicos que un objetivo macro— tales como tubos de extensión, lentes de aproximación o incluso fuelles que nos permitirán trabajar rondando la ratio 1:1 o incluso superarlo (2:1, 3:1, etc.).
Lo que sí considero casi imprescindible es un buen trípode y su compañero, el cable disparador. Para lograr una buena profundidad de campo trabajando con luz natural tendremos que usar diafragmas cerrados que prolongaran los tiempos de obturación haciéndose necesario, de este modo, un trípode o en su defecto otro tipo de soporte (beanbag). Además, cuando trabajamos a estas ratios la más leve brisa supone una desesperación al mirar a través del visor. En caso contrario estaríamos obligados a trabajar con diafragmas muy abiertos que nos proporcionarían una insuficiente profundidad de campo o bien a usar un grado ISO muy elevado, que haría que aumentara demasiado el ruido (grano) de nuestras imágenes. Una alternativa al uso del trípode supondría el trabajar única y exclusivamente con luz artificial (flashes) seleccionando un diafragma cerrado y una velocidad de obturación elevada. Sin embargo, en ese caso el resultado tendría un aspecto bastante más artificial y los fondos de dichas imágenes, salvo que los iluminemos con uno de los flashes, serán prácticamente negros a poco que diafragmemos, algo que a mí particularmente no me agrada. Personalmente para la fotografía de orquídeas me gusta trabajar siempre con luz natural bien sea de forma exclusiva, o combinada con el flash, la mayor parte de las ocasiones.
Los días nublados (sin llegar a estar encapotados) son, sin lugar a dudas, los más adecuados para trabajar con luz natural en macrofotografía. En esos casos lo que suelo hacer es aprovechar la luz natural difusa existente, que origina unas sombras tenues. Dichas sombras suelo suavizarlas en mayor o menor medida con el flash, el cual a su vez le devuelve a la flor un poco de ese brillo o color que pierde en los días nublados.
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En los días soleados las plantas situadas en el sotobosque suelen tener una luz filtrada bastante buena, con lo que el proceder en esos casos es similar al de los días nublados. Pero aquellas plantas expuestas a la luz directa del sol de forma total o parcial presentan unas sombras negras horribles. En estos casos la cosa resulta bastante complicada de salvar, por lo que suelo proyectar sombra —con un reflector o la misma mochila— sobre toda la flor, dejando en ocasiones el fondo iluminado por el sol. De este modo ilumino con luz artificial la flor, procurando por distintos medios —difusores en los flashes, o rebotando el flash en un reflector— lograr una iluminación suave y homogénea.
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