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Técnica



Fotografiando orquídeas

Por: 
Joaquín Albaladejo

Las orquídeas suponen una de las familias de plantas más fascinantes, sin lugar a dudas. Son pocas las personas que, una vez descubren o fotografían alguna especie de este amplísimo grupo, se resisten a buscar o fotografiar nuevas especies. Sus colores, formas y texturas tienen tal atractivo que, una vez que se las conoce, suele ser difícil librarse de su embrujo, llegando a crear en ocasiones una sana adicción. Veamos algunas directrices para dar con estas bellas plantas y cómo abordar la fotografía de las mismas desde diferentes puntos de vista.

Cómo encontrarlas

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Su escaso tamaño —escasos centímetros, o incluso milímetros en ocasiones—, si las comparamos con sus parientes tropicales, juega a favor de su supervivencia dada la dudosa sensibilidad medioambiental reinante en nuestro país. Sin embargo esta cualidad supone un obstáculo para el fotógrafo a la hora de localizarlas debiendo, además, aplicar técnicas específicas para abordar con éxito este tipo de fotografía, denominada comúnmente como macrofotografía.

El primer paso, como es lógico, será encontrarlas; luego, además, deben de estar en un buen estado de floración y, por último, deberemos de sacarles partido. Encontrarlas no es complicado, al menos no es difícil localizar las especies más frecuentes como la Oprhys fusca, Ophrys tenthredinifera u Oprhys lutea. No está de más consultar antes la bibliografía existente de nuestra comunidad, asesorarse y, posteriormente, pasear por espacios naturales de cierta riqueza botánica durante la primavera. Iremos rastreando con la vista el sotobosque de pinares, encinares, sabinares, etc., así como prados, pastizales y turberas. Una vez localicemos alguna orquídea las empezaremos a encontrar con mucha más facilidad casi por doquier. Un consejo que suelo dar es fijarse en las características de la roseta de hojas basales (que pueden encontrarse incluso en invierno), muy característica en algunos géneros de orquídeas (Ophrys y Orchis por ejemplo), lo cual nos permitirá identificar otras rosetas similares con posterioridad y saber, de este modo, con seguridad que se trata de una orquídea de dicho género. Así podremos realizar posteriores visitas seriadas hasta encontrarla en floración y ver que especie en concreto se trata.
Habitualmente veo cómo en muchas ocasiones se las busca por los sitios más remotos e inhóspitos: Caminatas y caminatas sin resultado que desaniman al más pintado. Nada más lejos de la realidad. No es necesario visitar grandes parques nacionales ni hacer complicadas rutas para dar con ellas. Seguramente tendréis alguna especie de orquídea muy cerca de vuestro lugar de residencia. De hecho, he fotografiado algunas especies en sitios que distan bastante de ser el paraíso de las orquídeas: solares abandonados junto a aparcamientos, prados próximos a fábricas e industrias, etc. No es raro, tampoco, encontrarlas en la misma cuneta de las carreteras.
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La floración de estas plantas varía muchísimo en todos los aspectos. De un año para otro, de una región a otra, o de un ecosistema a otro distinto, es fácil que las fechas de floración no coincidan. La cantidad de agua caída durante el otoño y el invierno, la temperatura, las heladas, entre otros factores, hacen muy complicada la tarea de predecir con cierta exactitud cuándo estará en flor una especie en concreto. Esto da lugar a que, por ejemplo, cuando los individuos de una especie presente en la costa ya se han marchitado, los ejemplares de esa misma especie que se encuentran más al interior, en esa misma región, estén aún empezando a florecer.
Afortunadamente las diferentes especies de orquídeas ibéricas florecen durante buena parte de los meses del año —unos 7 u 8 aproximadamente, desde enero, cuando empiezan a florecer las especies más tempranas, hasta agosto o septiembre, cuando aún podemos encontrar alguna especie tardía— lo cual nos facilita la tarea de ir descubriéndolas y conociéndolas poco a poco —todo un detalle por su parte, ¿no?—. Cada especie puede florecer a lo largo de un período de tiempo de unas semanas (pocos meses todo lo más). Sin embargo, un individuo en concreto, una vez que florece, no dura más de unos días (pocas semanas a lo sumo) sin que empiece a marchitarse. Debemos por lo tanto de estar muy atentos y planificar muy bien nuestras salidas al monte.
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