Fotografía desde hides
Algunos inviernos monto un escondite a unos 1.600 m para fotografiar carroñeros y córvidos en comedero. Lo construyo robusto porque tiene que soportar un buen peso de nieve y, sobre todo, vientos muy fuertes. También es importante no dejar el mínimo resquicio por donde pueda penetrar la ventisca, pues ya me ha pasado en varias ocasiones que tras caminar más de hora y media sobre la nieve por la noche (que con luna llena es de una belleza espectacular), me lo he encontrado lleno de nieve hasta el techo y hay que dedicarse a sacarla toda antes de que amanezca. Pero como parte de ella se queda helada sobre las paredes de tela y no se caerá durante todo el día debido a que en ocasiones no se superan los 8 grados bajo cero, el ambiente dentro del escondrijo no resulta nada acogedor. El viento acrecienta notablemente la sensación térmica de frío, por lo que siempre llevo un termómetro para saber la temperatura real del ambiente en el interior del escondrijo, ya que normalmente cuando la temperatura baja de los 6 u 8 grados bajo cero, si respiras cuando te acercas a la cámara, el aliento se condensa sobre el visor y crea una película de hielo instantáneamente, por lo que se ve todo borroso. A veces, lo que hago para mantenerla a una temperatura razonable es encender en el suelo bajo la cámara un hornillo de alcohol sólido, aunque al estar todo cerrado, coloca bastante.
De todas formas también suelen aparecer muchos días soleados y con una temperatura muy agradable, para los que los comentarios expuestos anteriormente resultarían francamente exagerados.
En definitiva, creo que si fotografío animales de alta montaña, a pesar de lo dura e improductiva que resulta esta tarea, es porque me gusta el ambiente de estas zonas altas y particularmente en invierno, que es cuando están mas solitarias y seductoras.
AUTOR/ES