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Técnica



Fotografía de hongos

Introducción al trabajo de campo en micología

En acción

Por fin nos encontramos en el monte frente a nuestras queridas protagonistas. No se trata de agacharse y disparar; antes tendremos que poner en práctica los siguientes aspectos:

  • Encuadre, formato y punto de vista.

  • El enfoque.

  • La iluminación.

  • La importancia del fondo.


Encuadre, formato y punto de vista

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Generalmente, colocando nuestras setas en el centro de la foto conseguimos un resultado aceptable, por lo que emplearemos este encuadre en la fotografía descriptiva de hongos. Sin embargo, nuestra pequeña inquietud artística nos hace explorar todas las acciones que están a nuestro alcance. A menudo, situando nuestro motivo siguiendo la regla de los tercios conseguimos dotar a la fotografía de un cierto dinamismo, pues obliga a recorrerla con la mirada sin detenerse exclusivamente en el motivo principal. En la mayoría de las ocasiones no lograremos este efecto si centramos los hongos, ya que la vista se fija en ellos y no nos sugiere ir más allá.Otro aspecto importante a considerar a la hora de componer la fotografía es el formato más adecuado para su presentación. En muchas ocasiones con un movimiento tan sencillo como girar la cámara 90º podemos conseguir un efecto inimaginable. La fisonomía de las setas nos pedirá el formato más adecuado; las más alargadas pueden pedir un formato vertical y las rechonchitas uno horizontal, pero no siempre. Pienso que hay que probar los dos puntos de vista y disparar con ambos formatos.El punto de vista desde el cual posicionamos la cámara puede modificar el interés de la fotografía. Lo más aconsejable es probar diferentes ángulos: más bajos, más altos, frontales, laterales... Por lo general, las setas resultan mucho más favorecidas si la cámara se coloca a su misma altura. Para ello no queda más remedio que tumbarse en el suelo. Siempre viene bien llevar en la mochila un plástico grande para que no nos dé reparo tirarnos cuando está mojado.

El enfoque y la iluminación

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Uno de los signos de identidad de un fotógrafo purista son las fotos perfectamente enfocadas con una gran profundidad de campo. Sin embargo, las imágenes con esta absoluta nitidez son sólo uno de los muchos tipos de interpretación que nos permite la escena. En el caso de la fotografía de hongos, el uso de una profundidad de campo menor es una de las formas más eficaces de atraer la atención del espectador hacia los verdaderos protagonistas.El enfoque selectivo es muy adecuado para aislar un determinado aspecto de la imagen ubicándolo en un entorno más o menos difuso. Lo emplearemos en los casos en los que deseemos darle más importancia a un detalle concreto de las setas o de la escena en la que éstas se ubican.Para captar una imagen en el interior de un bosque es mejor aprovechar la luz tenue de los días nublados, ya que proporciona una iluminación más envolvente. Sin embargo, tendremos en cuenta que esa entrada de luz varía dependiendo de la clase de bosque en el que nos encontremos (pinar, hayedo, abedular...). Un bosque de hayas altas y robustas, por ejemplo, permite la entrada de tan poca luz solar que, incluso en un día luminoso, es posible que las exposiciones de 1/50 sg a f/2’8 precisen una sensibilidad de 100 ISO.
Cuando la bóveda de hojas es delgada y la luz consigue atravesarla, lo más probable es que se obtenga una imagen muy contrastada. Los rayos de luz son bienvenidos cuando iluminan únicamente las setas que vamos a fotografiar, pero cuando se limitan a motear la escena nos la puede echar a perder. En muchos casos es mejor dedicarse a los hongos situados en lugares sombríos o esperar a la caída de la tarde cuando el ángulo bajo del sol y su especial temperatura de color ilumine nuestra imagen.
Los contraluces pueden ser muy interesantes, especialmente para las setas que poseen translucidez. Éstas deberán estar colocadas en plano frontal y nosotros nos moveremos hasta buscar un punto donde no dé el sol a la cámara. Procuraremos que exista un buen contraste entre las setas y el fondo para que adquieran mayor protagonismo.

La problemática de las setas blancas y negras

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Los fotómetros de las cámaras están diseñados para funcionar adecuadamente con sujetos que presenten tonos neutros que reflejen el 18% de la luz que les llega. Esta forma de funcionar suele ser la idónea para la inmensa mayoría de situaciones, pero el problema aparece cuando deseamos fotografiar setas blancas o muy claras (agáricos, lepiotas y macrolepiotas, la gama de clitocybes blancos...), y negras o muy oscuras (xylarias, geoglossum, algunas helvellas...). En estas ocasiones el fotómetro interpreta que la seta blanca presenta un tono gris al que le llega mucha luz; en consonancia subexpone la fotografía obteniendo una seta de color crema. Para evitarlo, deberemos sobreexponer 1 punto, si la seta es clara, y 2 si es muy brillante. Con las setas oscuras la cámara considera que son sujetos grises a los que les llega poca luz y, en consecuencia, sobreexponen la escena obteniéndose setas de color pardo. Para evitarlo deberemos subexponer la escena en 1 ó 2 puntos según sea el motivo más o menos oscuro.
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Otra solución sería calcular una medición puntual de la luz: Se busca en la zona un objeto que tenga un color de gama media y que esté igual de iluminado que la seta a fotografiar (una piedra gris suele tener ese color medio; la palma de la mano también es muy fiable, pero tendremos que disminuirle 1 punto), observamos cuál es la velocidad que obtiene en ese punto la máquina y enfocamos hacia la toma que queremos realizar, cambiamos la velocidad y ponemos la que marcaba cuando enfocaba al objeto de color medio y ¡disparamos!
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