Existe un lugar donde el otoño toca con su varita mágica y miles de formas con colores diferentes brotan para regalarnos preciosos instantes fotográficos: es el suelo del bosque. Cada año esperamos con impaciencia esta estación tan especial y, al llegar, cuando las lluvias han hecho su labor, el corazón se nos acelera, el olfato se nos agudiza y nuestros ojos buscan esos tesoros de la naturaleza para inmortalizarlos en nuestras cámaras.
Un hongo es un ser vivo que, como tal, posee un ciclo biológico completo que comprende su nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte. Es el momento de la reproducción el que a nosotros nos interesa, pues es cuando el hongo fructifica, dando lugar a nuestras queridas setas. Desgraciadamente, éstas suelen ser tan efímeras que la suerte influirá en nuestra labor fotográfica, si damos con ellas en su momento más fotogénico.
Fotografía descriptiva o artística
Esta disyuntiva conlleva una gran controversia entre los fotógrafos de la naturaleza debido a la necesaria manipulación de los elementos de la escena en la fotografía descriptiva. Sin embargo debemos tener en cuenta algunas cuestiones, pues hoy por hoy —para profesionales y una gran parte de aficionados a la micología— se hace imprescindible tener un archivo fotográfico que catalogue las diferentes especies que se van encontrando. Utilizamos la fotografía como herramienta auxiliar para el estudio de los hongos, y gracias a la labor de las asociaciones micológicas es posible este estudio y posterior divulgación en la catalogación de las mismas. En micología, es necesario que la fotografía sea totalmente descriptiva y que nos muestre todos los datos físicos de la especie:
- Morfología: Cómo es el sombrero (cónico, plano, mamelonado...), el pie (cilíndrico, fusiforme, si presenta volva, anillo...), el himenio (con láminas, poros, pliegues, tubos...).
- Color: Debe representar fielmente a la especie; por ello es preciso respetarlo a la hora de intervenir en el posterior tratamiento digital. Además, algunas especies en concreto presentan un cambio de color en la carne al entrar en contacto con el oxígeno del aire; en estos casos, en la fotografía debería aparecer un ejemplar cortado para apreciarlo.
- Hábitat: Siempre es interesante aportar a la fotografía algún dato sobre el hábitat donde suele darse ese hongo en concreto (hayedo, pinar, bosque de ribera...). Pueden servirnos unas hojas o frutos de haya, alguna piña, etc.
Una fotografía que represente todas estas características descriptivas de la especie es la idónea para nuestro “herbario micológico”. Sin embargo, los amantes de la fotografía buscamos algo más: Una imagen que nos impacte, que nos llame la atención por algún otro motivo; buscamos una fotografía artística. Nuestro fin último no es poder observar todas las características físicas de la especie, sino mejorar la calidad de esa imagen cargándola de fuerza y armonía.