Desde que hace doce mil años los indios nativos americanos comenzaron a recorrer la inmensa caldera de Yellowstone, muchos hemos seguido sus pasos a través de este parque nacional considerado entre los más populares de los espacios protegidos estadounidenses. No faltan atractivos, entre los que las jornadas pasan fugaces, como las abundantes manifestaciones geotermales en forma de géiseres y manantiales, la espectacularidad del Gran Cañón de paredes amarillas del que el parque toma nombre o la sorpresa siempre contenida de fotografiar algunos de sus míticos moradores como el bisonte, el lobo —recientemente reintroducido—, el imponente oso grizzly o el ciervo wapiti, que durante la berrea rompe el silencio del amanecer con el bronco sonido que sale de su garganta. Lo que menos imaginaba aquel frío amanecer en que aposté por esperar los primeros rayos de sol junto al río, cuya superficie se velaba con los vapores termales, era que un ciervo wapiti iba a cruzar el cauce con la naturalidad y la tranquilidad que refleja la foto. Ante tan fantástico espectáculo no hizo falta un equipo muy sofisticado ni una técnica extraordinaria. Habitualmente busco la sencillez y la espontaneidad en mis imágenes y pienso que basta con estar en el sitio adecuado en el momento idóneo. Eso es lo difícil, pero la constancia, la dedicación, la ilusión y la pasión por la naturaleza me lleva a intentarlo una y otra vez, y a disfrutar de alguno de esos momentos únicos casi irremediablemente. Esa es mi apuesta que en esta ocasión tuvo el resultado que dejo a vuestra opinión. Cámara Canon Eos 3, objetivo Canon 300 mm f/4, película Fujichrome Velvia 50, exposición de 1/125 sg a f/4 y trípode.
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