Pocas veces se recibe el encargo por parte de una editorial de realizar un libro fotográfico sobre un parque natural. Si, además, el parque tiene tanta belleza en sus paisajes, tanta biodiversidad y los editores te ofrecen completa libertad creativa para plasmar tu visión personal como fotógrafo, sin ningún tipo de limitaciones, ese encargo se convierte en algo especial. Pero, si a todo esto le añadimos las circunstancias personales que rodean a la realización del libro Cadí, una mirada al Parc Natural del Cadí-Moixeró, entenderéis cuanto de emotivo ha tenido este trabajo para mí.
Mi socio y amigo Lluís Dantart tenía estrechos vínculos con el parque. Hacía un par de años que estaba plasmando con su cámara cada uno de sus rincones y todo ser vivo que se dejara fotografiar. Tres días después de recibir el encargo de la realización de mi libro, Lluís fallecía en un trágico accidente. No lo dudé ni un instante y mi propuesta fue aceptada por el editor: El libro tendría también las fotos de Lluís; sería su coautor.
Este pequeño reportaje pretende ser una ventana a este bonito parque natural del Pirineo catalán y mostrar algunas de las fotos que ilustran nuestro libro. Actualmente en imprenta, se presenta el próximo mes de noviembre, y es mi homenaje personal a Lluís.
El parque natural
El Parque Natural del Cadí-Moixeró es el espacio protegido de mayor extensión de Catalunya, con más de 41.000 hectáreas, además de ser uno de los más emblemáticos. Geológica y geográficamente hablando, se trata de un espacio enmarcado en el Prepirineo, aunque sus paisajes y sus ambientes son plenamente pirenaicos para el fotógrafo de la naturaleza.Orográficamente comporta tres sectores bien diferenciados presididos por sus picos —el Cadí, el Moixeró y el Pedraforca— y que, en conjunto, conforman una cordillera orientada de este a oeste y separada del Pirineo axial por la Cerdanya.
Todo el parque está ubicado en las zonas altas de los valles de los ríos Llobregat y Segre, ocupando parte de las comarcas del Berguedá, al este, de la Cerdanya, al noreste, y del Alt Urgell, al oeste.
El Moixeró se alza al este del parque. Sus peñas son abruptas; donde sus pies se unen a las sierras colindantes, nace el río Llobregat. El Cadí presenta una alineación perfecta paralela al Pirineo, gracias a sus paredes verticales en la cara norte. Y la montaña del Pedraforca, aislada, pero colindante con el Cadí, conforma por sí sola una de las clásicas cumbres catalanas, al sureste del parque.
Precisamente, el Pedraforca disfruta de una figura de protección singular, la de paratge natural d’interés nacional (año 1982). El Parque Natural del Cadí-Moixeró fue creado un año más tarde y, aunque el Pedraforca está dentro de los límites del parque, la singular montaña conserva su legislación específica.
Multitud de aldeas salpican las faldas de las montañas, con vistas fotográficas de perfecto equilibrio entre la magnificencia de la montaña —por ejemplo las paredes del Cadí— y sus habitantes, aunque, sin duda, especialmente la comarca de la Cerdanya, está amenazada por una irrefrenable fiebre de especulación urbanística. Algunas aldeas realmente fotogénicas son las de Josa de Cadí, Castellar de N’Hug y Ansovell (estas dos últimas en los límites exteriores del parque, pero con sus montañas como escenario).