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Técnica



Nikon D2x

Grande, negra, potente y veloz
Por: 
Roger Eritja
Francesc Muntada

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El mercado de las cámaras profesionales es cautivo. Sus usuarios deben rentabilizar grandes inversiones en objetivos de máxima calidad cuyo coste supera a menudo el de cualquier cuerpo, lo que no facilita el cambio de marca. No suele ser éste el caso de clientes de segmentos inferiores, quienes pueden permitírselo más fácilmente al estar menos lastrados económicamente por las ópticas a sustituir.
La irrupción de lo digital ha acentuado cierta tecnodependencia emocional que ya afectaba a muchos fotógrafos. Quizá deberíamos hablar directamente de adicción, al tenor de ciertas conversaciones centradas sobre chips, electrónica, mecánica cuántica o física de partículas, más que en nuestra evolución como unos creadores que saben pintar con luz.
Éste es el marco donde hemos querido situar nuestros comentarios sobre la última cámara DSLR profesional de Nikon, la D2x; por unos deseada como un elemento de rentabilidad comercial, y por otros como un extraordinario juguete de adulto. La expectación por esta suerte de Mesías electromecánico ha sido muy elevada, pues la lista de espera suma centenares de peticiones en el momento de redactar este texto (mediados de marzo).
Probablemente esta expectación esté justificada en gran parte. La calidad de imagen de las D1x y D100 sigue siendo perfectamente válida para uso profesional, pero también las tecnologías periféricas se benefician del avance técnico. Por ejemplo, la D1X aguantó el tipo con elegancia durante cuatro años con una sola actualización de firmware, pero sus baterías parecen hoy cosa del pasado remoto. ¿Qué puede ser más importante para los fotógrafos de la naturaleza, que la autonomía energética?
Así las cosas, la D2x llegó al mercado el 25 de febrero de 2005 y la amabilidad de Finicon (distribuidor exclusivo en España) hizo posible que dispusiéramos de una D2x de serie durante un fin de semana, con el fin de probarla para los lectores de Fotonatura.

Planteamiento

La marca siempre ha publicitado antes la calidad de imagen que el número de píxeles del sensor. Realmente ese dato sólo condiciona el tamaño a que podremos explotar sus imágenes y su nivel de detalle (con el permiso de la óptica en uso), pero no necesariamente la percepción de bondad de la imagen por el observador. Sin embargo, ahora que comercializa un modelo de alta resolución, el hincapié del márketing menciona a menudo los 12,4 millones de puntitos de colores que ofrece la cámara, lo que a fin de cuentas, también parece que es lo único que nos interesa a los consumidores. Este modelo, sin embargo, posee otras características interesantes, algunas de ellas muy innovadoras, y que marcan una diferencia con marcas que actualizan el sensor de sus modelos con elevada frecuencia, sin buscar nuevas posibilidades.
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Debemos puntualizar que no somos probadores expertos, no olvidemos que las cámaras digitales necesitan un aprendizaje. Aunque lo fuéramos, 48 horas son insuficientes para obtener conclusiones firmes. Por todo ello, hemos probado la D2X en condiciones que creemos interesantes para el trabajo de todos nosotros, dejando los análisis más técnicos para probadores adiestrados, como los que se encontrarán enlazados al final del texto. Nosotros estábamos más interesados en explorar el soporte creativo que permite la cámara, su rendimiento de imagen y su uso en la naturaleza, más que en aspectos puramente técnicos. Así fue cómo nos hemos centrado en comprobar la eficacia de la fotometría, la calidad obtenible, el comportamiento del sensor con grandes angulares, el recorte de sensor y las dobles exposiciones en cámara.Aunque la lucha comercial entre Nikon y Canon induce a hacerlas, no estamos interesados en realizar comparaciones entre marcas. Las ópticas son diferentes, los tamaños de los sensores no coinciden, la densidad de píxel no es la misma, ni lo es la estrategia de generación de imágenes en la circuitería integrada. Es fácil caer en la trampa de enfrentar en un artículo máquinas que son tan comparables como un huevo a una castaña. Pero la única comparación posible para un fotógrafo pasaría por comparar ampliaciones fotográficas de gran tamaño o pruebas de imprenta obtenidas con las mejores posibilidades de cada sistema y las mejores habilidades del operario. Únicamente nos hemos permitido un comentario puramente personal y subjetivo en el resumen de este artículo.

Por lo demás, se trata de herramientas que cuestan entre 5.000 y 8.500 euros, o sea que comprenderemos perfectamente que los lectores interesados no nos hagan mucho caso y prefieran probar la cámara por su cuenta. Háganlo. Nosotros lo hicimos utilizándola, como si fuera nuestra herramienta de trabajo habitual, con nuestras ópticas: zoom AF-S 12-24 mm, zoom AF-S 70-210 VR, AF Micro-Nikkor 200 mm f/4, PC Micro Nikkor 85mm f/2’8D y AF-I 300 mm f/2’8.
Todas las imágenes han sido realizadas sobre trípode. En la mayor parte de los casos, efectuamos series de la misma imagen y con la misma óptica, utilizando además la D1x, la D70 y la D100. Sólo se muestran los resultados de estas cámaras donde la comparación nos pareció interesante.
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