Cuando uno empieza en esta locura de la fotografía de naturaleza, es difícil saber qué constituye una buena imagen y cómo conseguirla. ¿Es el tema, el mensaje, la composición, el arte, el momento, la luz? Uno se emociona cuando consigue llenar el 30% del encuadre con una avoceta o un estornino, para luego caerse del burro al leer que la imagen está mal compuesta, la luz es horrible, los blancos están quemados o el punto de vista está muy picado.
Todavía no entiendo bien, ni soy capaz de predecir, después de más de dos años de intensa actividad fotográfica, qué imágenes de los cientos que capto cada mes gustarán más a mis amigos, a los jueces de competiciones y concursos, a las agencias fotográficas o a los admirados colegas.
Tampoco es fácil comprender qué nos lleva a tantos aficionados, muchos de nosotros hombres y mujeres hechos y derechos (al menos según reza el carné de identidad), a no cejar en nuestro empeño, a emplear miles de horas en pos de esa imagen única. Seguramente cada uno tenga su propia respuesta —¡o ninguna!— a estas preguntas.
Ahora recuerdo, como si fuera ayer, los relatos magistrales de mi profesor de zoología describiendo los distintos trucos y ritos empleados por distintas especies de insectos para atraer a potenciales parejas. Estos pueden llegar a ser realmente sofisticados, como esa especie en la que algunos machos se hacen pasar por hembras para robar el regalito que otro macho tenía preparado para asegurarse una noche de amor. Desde entonces, no he dejado de sorprenderme al observar la naturaleza, los increíbles diseños de los distintos seres vivos, el fino ajuste del flujo de energía de los ecosistemas, la compleja matriz molecular con la que el mundo natural está construido...
No sé si mi imagen es merecedora del título “fotón”, pero sí estoy seguro que refleja un instante mágico en el que esta cría de foca gris decidió regalarme un guiño, un regalo, un instante que me abrió las puertas a su fascinante mundo durante 0.005 segundos.
La foto está tomada en Donna Nook (Lincolnshire, Inglaterra), donde en noviembre y diciembre se reúnen cientos de focas grises para dar luz a sus crías, a las que alimentan en la playa durante unas dos semanas.
Canon Eos D60, zoom Canon EF 100-400 mm L U IS, tumbado en el suelo, ISO 400, 1/200 sg a f/6’3.
AUTOR/ES